¿Qué sucede cuando estudiantes mayores ingresan a un campus de jóvenes? Cómo el aprendizaje a partir de los 50 rompe la "barrera de la edad".

¿Qué sucede cuando estudiantes mayores ingresan a un campus de jóvenes? Cómo el aprendizaje a partir de los 50 rompe la "barrera de la edad".

¿Puede la universidad superar la idea preconcebida de ser un "lugar para jóvenes"?

Cuando se piensa en aulas universitarias, muchas personas imaginan un escenario lleno de estudiantes de entre 18 y 25 años. Nuevas amistades, preparación para el empleo, una extensión de la juventud en la vida universitaria. Durante mucho tiempo, la universidad ha sido vista en la sociedad como un "lugar donde los jóvenes se preparan para el futuro".

Sin embargo, en la era de la vida de 100 años, esa imagen está comenzando a desalinearse con la realidad. Personas que desean cambiar de carrera, quienes quieren volver a estudiar después de jubilarse, aquellos que no tuvieron suficientes oportunidades educativas en su juventud, o simplemente quienes desean satisfacer su curiosidad intelectual. Las razones para aprender no desaparecen con la edad; de hecho, se vuelven más complejas y ricas con la experiencia de vida.

Un estudio realizado en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona simboliza este cambio. Los investigadores de la universidad analizaron la experiencia de estudiantes mayores de 50 años que participan en programas para personas mayores y asisten a las mismas clases que los estudiantes jóvenes. Lo que descubrieron es que los estereotipos como "los mayores tienen desventajas en el aprendizaje", "son débiles en lo digital y los idiomas", o "se vuelven pasivos entre estudiantes jóvenes" no siempre se aplican en el aula.

Por el contrario, los estudiantes mayores aportan su experiencia de vida, experiencia profesional y una fuerte motivación para aprender, enriqueciendo los debates en el aula. Para los estudiantes jóvenes, es una oportunidad de experimentar perspectivas que no podrían obtener solo entre sus pares, lo que lleva a cuestionar el significado mismo del entorno universitario.


¿Es cierto que los estudiantes mayores están atrasados?

En aulas con diferencias de edad, a menudo surgen imaginaciones unilaterales. Se piensa que los estudiantes jóvenes son fuertes en lo digital, mientras que los mayores tienen dificultades. Los jóvenes son flexibles con los idiomas, mientras que los mayores tienen dificultades para seguir el ritmo. Los jóvenes se adaptan naturalmente a la cultura universitaria, mientras que los mayores se sienten fuera de lugar. Estas percepciones son parte del edadismo, prejuicios o discriminación basados en la edad, que prevalecen ampliamente en la sociedad moderna.

Sin embargo, este estudio muestra que tales divisiones simples se desmoronan. Algunos estudiantes mayores han utilizado el inglés en sus experiencias laborales pasadas. Desde su experiencia acumulada como profesionales, pueden organizar debates, proporcionar ejemplos concretos y aportar una sensación de realidad que los estudiantes jóvenes aún no tienen. Al igual que no todos los jóvenes son expertos en todas las tecnologías digitales o idiomas, tampoco se puede generalizar a las generaciones mayores.

Este punto es crucial. Hablar de las personas mayores solo como una "historia de declive" o, por el contrario, solo como un ideal de "personas mayores siempre jóvenes y exitosas" limita la realidad. Las personas no pierden habilidades simplemente por la edad, ni todos pueden mantenerse igualmente enérgicos y proactivos. El aprendizaje en la vejez se transforma según la condición física, el contexto social, la experiencia lingüística, la situación económica, el historial educativo pasado y las relaciones humanas.

Lo que el estudio sugiere es la necesidad de posicionar a los estudiantes mayores no como "aquellos que deben alcanzar a los jóvenes", sino como "aprendices con experiencias diferentes". En lugar de medir las carencias en relación con los jóvenes, se debe enfocar en el intercambio intelectual que surge al tener diferentes generaciones en el mismo espacio. Esa es la perspectiva necesaria para una educación superior inclusiva en términos de edad.


El papel sutil de "figura parental" que emerge en el aula

Es interesante que algunos estudiantes mayores asuman naturalmente un "rol parental" en su relación con los estudiantes jóvenes. El estudio trata esto como una forma de edadismo autoimpuesto. Es decir, los estudiantes mayores pueden pensar que "los estudiantes jóvenes esperan que me comporte como un padre" y asumir ese rol.

A primera vista, esto puede parecer una fijación de roles de edad. La estructura de "cuidar porque soy mayor" o "dar consejos a los jóvenes" podría obstaculizar el aprendizaje equitativo entre generaciones. Sin embargo, los investigadores no niegan este fenómeno de manera simple. En algunos casos, esa posición puede acercar a los estudiantes jóvenes, construir relaciones de confianza y fomentar el aprendizaje mutuo.

Por ejemplo, cuando una discusión grupal se estanca, un estudiante con experiencia de vida puede aliviar la situación. Pueden alentar a los estudiantes jóvenes a hablar y proporcionar ejemplos concretos sin imponer demasiado su experiencia. Crean un ambiente de seguridad en el aula. Estas acciones pueden no ser simplemente un "rol parental", sino una fuerza que sostiene la comunidad de aprendizaje.

Sin embargo, se debe tener cuidado. Si se espera constantemente que los estudiantes mayores actúen como cuidadores o consejeros, su posición como aprendices puede desvanecerse. Los estudiantes mayores también están en el aula no solo para dar consejos, sino para aprender por sí mismos. Para que el aprendizaje intergeneracional tenga éxito, es importante no tratar a los mayores solo como "fuentes de experiencia".


La confusión que se siente en un espacio centrado en los jóvenes

Por otro lado, un aula inclusiva en términos de edad no se sostiene solo con ideales. El estudio señala que los estudiantes mayores pueden experimentar confusión o inseguridad al ingresar a un entorno centrado en los jóvenes.

El ritmo de las clases, las conversaciones entre estudiantes, el uso de herramientas digitales, las reglas implícitas en el campus. La universidad tiene una cultura que no se comprende hasta que se ingresa. Incluso los estudiantes jóvenes pueden sentirse desorientados al principio, pero en el caso de los estudiantes mayores, la conciencia de ser "el único mayor" puede aumentar esa ansiedad.

En las redes sociales, no faltan voces similares. En foros y comunidades internacionales, se pueden encontrar publicaciones como "Me siento como el mayor de la clase y es incómodo" o "Estoy preocupado por cómo me ven los estudiantes jóvenes". Incluso aquellos que regresan a la universidad en sus 30 años pueden sentirse fuera de lugar rodeados de estudiantes de 18 o 19 años. En los 50 o 60 años, esa sensación puede ser aún más fuerte.

Sin embargo, en las mismas redes sociales, también hay muchas respuestas que contrarrestan esto. Comentarios como "Nadie se preocupa por la edad", "Estamos aquí para aprender, así que tenemos el mismo derecho de estar aquí", "Es divertido hablar con estudiantes mayores" y "Tener personas con diferentes experiencias hace que las clases sean más interesantes". Aunque la diferencia de edad puede ser evidente al principio, en las situaciones de aprendizaje reales, la actitud de participación y la disposición a cooperar tienen un impacto mucho mayor en la impresión que se deja.

Esta división en las reacciones resuena bien con el estudio actual. La participación de estudiantes mayores tiene potencial. Sin embargo, ese potencial no florece naturalmente. Sin el diseño del aula, la intervención de los docentes y la construcción de relaciones entre estudiantes, los estudiantes mayores pueden sentirse aislados. No basta con mezclar generaciones; lo que se cuestiona es cómo generar diálogo después de la mezcla.


La "bienvenida" y el "prejuicio" visibles en las redes sociales

 

En cuanto al propio artículo, en el momento de su publicación no se observa un gran debate en las redes sociales. En la página de Phys.org, el número de veces compartido y los comentarios no son destacados, y se considera que la reacción de los usuarios en general aún es limitada.

Sin embargo, el tema de "los mayores regresando a la universidad" o "aprendiendo en la misma aula que los estudiantes jóvenes" ha sido un tema recurrente en las redes sociales y foros. Las reacciones que aparecen se dividen en tres grandes categorías.

La primera es una fuerte afirmación. Comentarios como "No hay límite de edad para aprender", "Ir a la universidad en los 30, 40 o 50 años es más bien algo digno de respeto" y "Los estudiantes mayores tienen un claro sentido de propósito y son confiables en el trabajo en grupo". Estas reacciones coinciden con la visión del estudio actual de que "los estudiantes mayores contribuyen al aula".

La segunda es el compartir de inquietudes. De parte de los propios estudiantes mayores, surgen preocupaciones como "¿Me sentiré fuera de lugar?", "¿Me verán raro los jóvenes?" o "¿No coincidirán los temas de conversación?". Esto no es solo una cuestión de autoconciencia, sino un reflejo de que la universidad ha sido diseñada durante mucho tiempo como un espacio centrado en los jóvenes. Si no hay un sistema o ambiente que permita la entrada natural de estudiantes de diferentes edades, la ansiedad se trata como un problema individual.

La tercera es la existencia de prejuicios o fricciones. En las redes sociales, se señala que algunos estudiantes sienten que la presencia de un estudiante mayor en el grupo es una carga, que a veces se subestima la capacidad de los mayores debido a su edad, o que los estudiantes mayores pueden dominar el espacio usando su experiencia como arma. Esto muestra que el aprendizaje intergeneracional no se convierte incondicionalmente en un intercambio hermoso.

Por eso, la universidad tiene un papel como mediadora. En lugar de dejar las diferencias generacionales como "arreglenlo entre ustedes", se deben incorporar reglas de diálogo en el diseño de las clases. Respetar las diferencias de edad y experiencia mientras se asegura que las oportunidades de expresión no se concentren. Fomentar en los estudiantes jóvenes y mayores la actitud de "no ver al otro como un representante de su generación". Solo con tales esfuerzos, un aula mixta en términos de generaciones se convierte en un recurso de aprendizaje.


El entorno multilingüe refleja otro desafío de inclusión

La Universidad Pompeu Fabra, donde se realizó el estudio, es una universidad altamente internacional, y el catalán, el español y el inglés están involucrados en las clases y el entorno de aprendizaje. Esto representa una gran oportunidad y un desafío para los estudiantes mayores.

Entre los estudiantes mayores, hay quienes han utilizado el inglés en su vida laboral. Para ellos, el uso del inglés en la universidad es una oportunidad para aprovechar su experiencia pasada. Por otro lado, algunos pueden no estar familiarizados con el catalán académico formal o sentirse desconcertados por el formato de clases internacionalizado. El problema del idioma no se puede explicar solo por la edad. Incluso los estudiantes jóvenes pueden tener una percepción negativa del inglés, y algunos mayores tienen una rica experiencia multilingüe.

Lo importante aquí es no asumir que "por ser mayor, es difícil". Proporcionar apoyo a quienes lo necesiten, sin juzgar las habilidades por adelantado según la edad. La inclusión no significa tratar a alguien de manera especial, sino crear condiciones en las que aprendices con diferentes antecedentes puedan participar.


Una cuestión que también enfrenta la universidad japonesa

Aunque este estudio se centra en una universidad en España, no es irrelevante para Japón. Con la disminución de la natalidad y el desafío de asegurar el número de estudiantes universitarios, el re-aprendizaje de adultos y personas mayores se volverá aún más importante en el futuro. Re-skilling, aprendizaje a lo largo de la vida, colaboración regional, participación social después de la jubilación. Todo esto indica que la universidad está pasando de ser un lugar solo para jóvenes a uno que apoya el aprendizaje de una amplia gama de generaciones.

Sin embargo, para avanzar en esta discusión en Japón, hay varios obstáculos. Primero, el sistema de admisión y matrícula universitaria está diseñado para jóvenes. Luego, la cultura del campus no considera suficientemente a estudiantes de diferentes edades. Y finalmente, en la sociedad persiste la visión de "¿Vas a la universidad a esa edad?" o "¿De qué sirve aprender ahora?".

Sin embargo, considerar el re-aprendizaje solo como una medida de empleo es limitado. Que las personas mayores estudien en la universidad no solo contribuye a su satisfacción intelectual o participación social. Para los estudiantes jóvenes, trabajar en las mismas tareas con personas en diferentes etapas de la vida es una experiencia útil para el futuro en el lugar de trabajo o la comunidad. En la vida real, es raro trabajar solo con personas de la misma generación. La universidad puede ser un lugar de práctica para colaborar entre generaciones.


De la "educación dividida por edad" a la "educación mezclada por edad"

Hasta ahora, la educación se ha dividido meticulosamente por edad. Escuela primaria, secundaria, preparatoria, universidad. Aunque es razonable desde un punto de vista institucional, si esta forma de pensar es demasiado fuerte, las personas que han pasado la "edad para aprender" son tratadas como excepciones. Los estudiantes adultos y mayores a menudo son vistos como "personas especiales".

Sin embargo, con los rápidos cambios en la vida y una vida laboral más larga, se vuelve difícil considerar la educación como algo que se hace una sola vez. El aprendizaje no es algo que se complete en la juventud, sino algo a lo que se puede regresar en cada etapa de la vida.

La clave en ese momento es la idea de mezclar edades en lugar de separarlas. Reunir a estudiantes mayores en aulas separadas tiene sentido. Se puede crear un ambiente donde puedan aprender con seguridad. Sin embargo, también hay un valor único en la tensión y los descubrimientos que surgen al participar en las mismas clases que los estudiantes jóvenes.

Por supuesto, no se trata solo de mezclar. Los docentes deben considerar cómo presentar ejemplos, organizar el trabajo en grupo y evaluar, teniendo en cuenta que hay estudiantes de diversas edades. Se espera que los estudiantes jóvenes vean a los mayores no como "la generación de los padres" o "excepciones", sino como compañeros de aprendizaje. Los estudiantes mayores también necesitan flexibilidad para respetar los valores de las generaciones jóvenes mientras aprovechan su propia experiencia.


Los estudiantes mayores pueden ser pioneros de la "universidad del futuro"

Lo que es impresionante en este estudio es que la presencia de estudiantes mayores se ve no solo como un "desafío para la universidad", sino también como una "oportunidad para enriquecer la universidad".

Cuando los estudiantes mayores ingresan a aulas centradas en jóvenes, también surgen confusiones. Puede ser necesario brindar apoyo en el entorno lingüístico y digital. También pueden ocurrir malentendidos entre generaciones. Pero estos no son motivos de exclusión, sino desafíos de diseño para que la universidad sea más inclusiva.

Cuando personas de diferentes edades aprenden en el mismo aula, la universidad deja de ser solo un lugar de transmisión de conocimientos. Allí, la experiencia de vida y el nuevo conocimiento se cruzan. Los estudiantes jóvenes tocan la profundidad del tiempo que aún no han experimentado. Los estudiantes mayores se familiarizan con las sensibilidades de las generaciones jóvenes y el lenguaje de la nueva sociedad. Aunque ambos pueden sentir incomodidad, aprenden a través de esa incomodidad.

Para eliminar el edadismo, no basta con un eslogan abstracto de "valoremos a las personas mayores". Es necesario que personas de diferentes generaciones trabajen juntas en el mismo lugar y conozcan concretamente las habilidades, debilidades y motivaciones de cada uno. El aula puede ser un lugar poderoso para eso.

¿Es la universidad realmente solo un lugar para jóvenes? ¿Hay una edad adecuada para aprender? ¿Puede convertirse en una escena normal que estudiantes de diferentes edades se sienten juntos?

El estudio de la Universidad Pompeu Fabra ofrece una respuesta a estas preguntas. Los estudiantes mayores no son una distracción para el aprendizaje de los jóvenes. Más bien, pueden aportar profundidad temporal al aula, enriquecer los debates y abrir la universidad misma a la sociedad.

No es "aprender