¿El hechizo del ADN? ¿Genética, crianza o memoria? La verdadera razón por la que nos parecemos a nuestros padres.

¿El hechizo del ADN? ¿Genética, crianza o memoria? La verdadera razón por la que nos parecemos a nuestros padres.

Razones por las que nos parecemos a nuestros padres a pesar de no querer ser como ellos: ¿Es posible cambiar los patrones mentales heredados de la familia?

"Decidí que nunca hablaría así"

A veces, justo después de responder con un tono fuerte a un hijo o a una pareja, resuena en nuestro interior una voz que nos recuerda que habíamos decidido no hablar de esa manera. Nos sorprendemos al pronunciar esas palabras, ya que sentimos que estamos repitiendo exactamente lo que nos molestaba cuando nuestros padres nos lo decían.

No quiero parecerme a mis padres. No quiero enojarme de esa manera. No quiero guardar silencio de esa forma. No quiero heredar esa manera de controlar a la familia con mal humor. Aunque pensábamos así, al crecer y perder la calma en el trabajo, la familia o las relaciones personales, nos encontramos inesperadamente con un "yo idéntico a mis padres".

Un artículo del periódico alemán WELT aborda esta extraña y un poco amarga sensación que muchas personas experimentan. El tema es "¿Por qué nos parecemos a nuestros padres, incluso cuando no lo deseamos?". El artículo presenta las opiniones de Lutz Wittmann, experto en psicología clínica y psicoterapia, y Stefan Vielmuth, terapeuta sistémico, discutiendo la naturaleza de los patrones de comportamiento heredados de los padres y cómo cambiarlos.

Lo importante es que el fenómeno de "parecerse a los padres" no se trata solo de genética simple. No se trata solo de similitudes evidentes como los rasgos faciales o la constitución física, sino también de la forma en que alzamos la voz cuando estamos enojados, el hábito de verificar cuando estamos ansiosos, la incapacidad de depender de los demás, el uso del silencio en el hogar, o cómo nos culpamos a nosotros mismos cuando fallamos. Absorbemos la influencia de nuestros padres de muchas maneras.

El artículo presenta tres grandes perspectivas sobre cómo los padres influyen en sus hijos. Primero, la genética. Parte del carácter y temperamento tiene tendencias innatas. Segundo, los patrones de comportamiento aprendidos en el hogar durante la infancia. Los niños observan no solo las palabras de los padres, sino también sus expresiones, silencios, reacciones, relaciones de pareja y actitudes bajo estrés. Tercero, la epigenética, es decir, cómo el ambiente y el estrés pueden influir en la expresión genética. Especialmente, se sigue investigando cómo los grandes traumas o el estrés crónico pueden dejar alguna influencia en la mente y el cuerpo de la siguiente generación.

Sin embargo, es importante no pensar que "todo lo que soy ahora es culpa de mis padres". Al contrario, entender la influencia de los padres no es para resignarse a ser una existencia fija, sino para elegir nuevamente nuestras reacciones.

Por ejemplo, alguien que solo recibió atención a través de gritos en su infancia puede haber aprendido inconscientemente que "si no uso palabras fuertes, no me entenderán". Por el contrario, alguien a quien no se le permitió expresar emociones en casa puede, como adulto, tragarse su ira o tristeza y tratar de protegerse distanciándose repentinamente.

Estas reacciones no ocurren porque la persona tenga un mal carácter. A menudo son métodos que aprendieron para protegerse en su entorno familiar pasado. Para un niño, la familia es la primera sociedad y los padres son las primeras "reglas del mundo" que encuentran. Los comportamientos que fueron efectivos allí permanecen en lo profundo del corazón incluso en la adultez.

Sin embargo, en el mundo adulto, las reglas de la infancia no siempre son aplicables. Gritar puede hacer que la otra persona se calle, pero se pierde la confianza. Guardar silencio puede evitar conflictos, pero la relación se enfría. Anticiparse en exceso puede brindar tranquilidad, pero para la otra persona puede sentirse como control o interferencia. Las acciones que alguna vez nos protegieron pueden ahora ser la causa de dañar las relaciones humanas.

Lo impresionante del artículo de WELT es la perspectiva de que "parecerse a los padres" no significa necesariamente actuar igual que ellos. Como resultado de una fuerte oposición a los padres, tomar acciones opuestas también puede considerarse una forma de influencia parental.

Por ejemplo, alguien que creció con padres muy estrictos puede, al llegar a la adultez, aferrarse fuertemente a la "libertad". Alguien criado por padres sobreprotectores puede valorar no depender de nadie y mantener la distancia. Alguien agotado por padres emocionales puede esforzarse por ser completamente racional. Aunque en la superficie parezca lo contrario a los padres, en el centro de esas acciones hay una fuerte reacción de "no quiero ser como mis padres". Es decir, tanto avanzar en la misma dirección que los padres como correr en dirección opuesta están dentro del ámbito de influencia de la relación padre-hijo.

 

Este tema también genera reacciones en las redes sociales. La publicación oficial de X de WELT tenía varias respuestas y reacciones en el momento de la verificación. En publicaciones relacionadas en Facebook, se observó la percepción de que "no solo la genética, sino también la educación y la socialización en el hogar se suman" y que "las personas se forman dentro de la familia".

Por supuesto, las reacciones en las redes sociales no son una investigación académica. El número es limitado y no representa la opinión de toda la sociedad. Sin embargo, es cierto que este tema tiende a estimular recuerdos personales en las personas. Las historias de relaciones padre-hijo no se limitan a una simple explicación psicológica. Surgen emociones como "Yo también lo he experimentado", "No quiero culpar a mis padres, pero hay una influencia" o "No quiero hacer lo mismo con mis hijos".

Para las personas que están criando hijos, este tema es especialmente urgente. La mañana ocupada, un niño que no deja de llorar, preparativos que no avanzan, trabajo que se acumula. Incluso si intentamos ser padres ideales, en el momento en que perdemos la calma, las reacciones que vimos en nuestra antigua familia emergen. Gritar. Ser sarcástico. Presionar con suspiros. Ignorar. Intentar compensar siendo repentinamente amable. Luego caer en la auto-recriminación.

En ese momento, muchas personas se deprimen pensando: "¿Soy al final igual que mis padres?". Sin embargo, la perspectiva de los expertos es un poco más suave. El cerebro humano aprende a lo largo de toda la vida. Aunque es difícil borrar por completo los patrones de comportamiento profundamente arraigados, es posible aprender nuevas formas de reaccionar. El artículo original también lo expresa como un "programa alternativo".

Entonces, ¿qué se puede hacer?

El primer paso es conocer en qué situaciones repites las mismas reacciones. Solo culparse después de que la ira o la ansiedad exploten con "Lo hice de nuevo" no conduce fácilmente al cambio. Lo importante es observar específicamente qué ocurrió justo antes.

¿Qué palabras te hicieron reaccionar? ¿Qué expresiones del otro te hirieron? ¿Qué temías perder? ¿Qué emociones no querías reconocer? A veces, ahí se esconde un "interruptor mental" que continúa desde la infancia.

El artículo también recomienda escribir las situaciones y emociones. Este es un método muy práctico. Cuando solo se piensa en la cabeza, las emociones permanecen como grandes bloques de "ira", "ansiedad" o "frustración". Pero al escribirlas en papel o notas, se pueden dividir en emociones más detalladas como "En realidad, me sentí triste porque me apresuraron", "Me asusté porque me sentí negado", "Sentí que me trataron a la ligera".

Ver las emociones en detalle no es consentirse. Más bien, es un trabajo para tomar distancia de las reacciones impulsivas. No terminar con "Estoy enojado", sino preguntarse "¿Qué estoy tratando de proteger al enojarme?". Ese paso detiene el flujo de reproducir automáticamente las reacciones heredadas de los padres.

En segundo lugar, es necesario no asumir que tus patrones son "correctos". Por ejemplo, alguien que fue criado con castigos físicos puede pensar "Yo también crecí así, así que no hay problema". Sin embargo, al darse cuenta de cuánto miedo y daño sufrió en ese momento, surge la opción de no pasar lo mismo a la siguiente generación.

Esto no significa convertir a los padres en villanos completos. Los padres también pueden haber tenido sus circunstancias. Tal vez ellos también heredaron algo de sus propios padres. Guerra, pobreza, enfermedad, soledad, valores sociales, el aire de la época. Lo que sucede dentro de la familia está conectado no solo con el individuo, sino también con la sociedad e historia detrás.

Por eso, lo necesario es la comprensión más que el juicio. Sin embargo, la comprensión no es lo mismo que la tolerancia. Entender que "los padres también tenían sus circunstancias" y "por eso lo que me hirió no cuenta" son cosas diferentes. Reconocer tus propias heridas y elegir lo que no quieres heredar. Esa es la libertad que se obtiene al crecer.

En tercer lugar, busca la ayuda de un experto cuando sea necesario. En casos de violencia doméstica, control fuerte, ansiedad crónica, trauma o sufrimiento por repetir los mismos problemas en relaciones íntimas, puede ser difícil enfrentarlo solo. Psicólogos, psicoterapeutas y psiquiatras pueden ayudar a organizar patrones que son difíciles de notar por uno mismo y tratar el pasado de manera segura.

Sin embargo, no toda la influencia de los padres es negativa. Hay cosas en las que parecernos a nuestros padres nos sostiene en la vida. La perseverancia, la ética de trabajo, el sentido de hospitalidad, la forma de reír, el sabor de la comida, la incapacidad de ignorar a alguien en problemas, la actitud de cumplir promesas. No solo recibimos heridas de nuestros padres. A veces, heredamos fortalezas de maneras que no notamos.

El problema no es si te pareces a tus padres o no. El problema es si esa semejanza está causando sufrimiento a ti o a los que te rodean. Si no está causando sufrimiento, no es necesario cambiarlo a la fuerza. Más bien, puedes aceptar las huellas familiares en ti como parte de tu vida.

Por otro lado, si ese patrón está destruyendo tus relaciones importantes, vale la pena elegir el cambio. El cambio no significa convertirse en otra persona. Tampoco significa borrar completamente la influencia de los padres. Es darse cuenta de las viejas reacciones dentro de uno mismo y hacer pequeñas elecciones como "Esta vez intentaré decirlo de otra manera", "Esta vez intentaré expresar mis sentimientos sin guardar silencio", "Esta vez intentaré alejarme antes de gritar".

Cuanto más una persona piensa "No quiero ser como mis padres", más consciente es de la influencia de los padres. Esa conciencia puede ser dolorosa, pero también es la puerta de entrada al cambio. Porque los patrones que no se notan no pueden cambiarse, pero los patrones que se notan pueden manejarse poco a poco.

A veces, al mirarnos en el espejo, encontramos un reflejo de nuestros padres. La forma de hablar, las arrugas en la frente, los suspiros, la tendencia a preocuparse demasiado por alguien. Puede haber días en que eso nos cause aversión. Pero ese momento también es un momento para saber de dónde venimos.

No somos copias de nuestros padres. Pero tampoco somos completamente independientes. Con lo que hemos heredado, lo que hemos rechazado y lo que permanece aunque creíamos haber olvidado, elegimos nuevamente nuestras acciones.

Parecerse a los padres no es una derrota. El problema es repetirlo sin darnos cuenta. Desde el momento en que nos damos cuenta, podemos poco a poco regresar al lado de nuestra propia vida.


URL de la fuente

Artículo publicado en WELT: Un artículo que presenta las opiniones de expertos sobre los patrones psicológicos y de comportamiento que nos hacen parecernos a nuestros padres
https://www.welt.de/gesundheit/article6a3e23e77c842e3a731b64ff/psychologie-warum-wir-unseren-eltern-aehneln-auch-wenn-wir-es-nicht-wollen.html

Publicación oficial de X de WELT: Usada para verificar las reacciones en redes sociales al artículo
https://x.com/welt/status/2070813526868865511

Publicación en Facebook de WELT Nachrichtensender: Usada para verificar las percepciones en Facebook sobre el artículo original
https://www.facebook.com/weltnachrichtensender/posts/warum-wir-unseren-eltern-%C3%A4hneln-auch-wenn-wir-es-nicht-wollen/1487746006724339/

Artículo de NIH / PMC: Información de referencia sobre la heredabilidad de los rasgos de personalidad del Big Five
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5068715/

Revisión de NIH / PMC: Información de referencia sobre la transmisión intergeneracional del estrés en humanos
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4677138/

Revisión de NIH / PMC: Información de referencia sobre la transmisión intergeneracional del impacto del trauma y la epigenética
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6127768/