¿Perros o gatos, cuál de ellos nos brinda más consuelo? La sorprendente respuesta de un estudio

¿Perros o gatos, cuál de ellos nos brinda más consuelo? La sorprendente respuesta de un estudio

Las mascotas son reconfortantes, pero no son una "cura milagrosa para el estrés": la razón por la que la investigación sobre perros y gatos ha agitado las redes sociales

Después de un mal día en el trabajo, al llegar a casa, el perro te recibe moviendo la cola. O, al sentarte en el sofá, el gato se sube a tu regazo. No son pocas las personas que han encontrado consuelo en esos momentos.

"Las mascotas alivian el estrés". Esta frase se ha convertido casi en un axioma para las personas modernas. Los videos de perros y gatos se difunden en las redes sociales porque, en medio de una vida cotidiana agitada, la gente busca "cosas incondicionalmente adorables" o "presencias reconfortantes".

Sin embargo, un nuevo estudio presentado por FOCUS Online de Alemania ha arrojado un poco de agua fría sobre esta creencia común. Interactuar con perros y gatos ciertamente mejora el estado de ánimo diario. Sin embargo, en momentos de estrés intenso, las mascotas no siempre logran restaurar el ánimo. Además, en el caso de los gatos, se ha sugerido que una interacción intensa bajo estrés podría intensificar las emociones negativas.

Este tema es ideal para las redes sociales. Los amantes de los gatos podrían querer decir "eso no puede ser", mientras que los amantes de los perros podrían reaccionar con "¿acaso los perros son mejores?". De hecho, en foros y redes sociales internacionales, las reacciones se centraron más en la fuerza del titular y en el debate entre "amantes de los perros y amantes de los gatos" que en el contenido del estudio en sí.

Sin embargo, es importante enfatizar desde el principio que el estudio no dice simplemente "los gatos hacen infelices a las personas" o "los perros eliminan el estrés". La conclusión es más sutil. Tanto los perros como los gatos mejoran el estado de ánimo de sus dueños en la vida cotidiana. Sin embargo, el estudio no pudo confirmar que tengan un efecto inmediato para contrarrestar las emociones durante momentos de estrés.


Un estudio que registró "esos momentos" en 188 personas, aproximadamente 8000 veces

Este estudio se basa en el artículo "Interacción humano-animal: entendiendo el papel de las interacciones con perros y gatos en el bienestar emocional", publicado en Frontiers in Psychology. El equipo de investigación realizó un estudio con 188 adultos que tenían perros o gatos, durante cinco días.

El método utilizado fue el muestreo de experiencias a través de teléfonos inteligentes, también conocido como evaluación ecológica momentánea. Los participantes recibieron notificaciones hasta 10 veces al día en momentos casi aleatorios. Al recibir una notificación, los participantes respondían un breve cuestionario sobre su estado de ánimo, nivel de estrés, con quién estaban, si había una mascota cerca y si estaban interactuando con ella.

En otras palabras, no se les pidió que recordaran y respondieran si "se sintieron reconfortados por su mascota en la última semana". Se registraron detalladamente las emociones y acciones en ese preciso momento. La memoria humana tiende a editarse convenientemente. En un mal día, a veces solo queda el recuerdo de lo adorable que fue el gato, o al contrario, se siente que nada fue bueno debido al cansancio. En ese sentido, este método de registro casi en tiempo real es valioso para capturar las emociones en la vida diaria.

El equipo de investigación recopiló alrededor de 8000 datos de notificaciones y analizó las respuestas válidas. Como resultado, se confirmó que el contacto con perros y gatos estaba generalmente relacionado con un estado de ánimo positivo. En los momentos de interacción con las mascotas, los participantes reportaron emociones más positivas y una tendencia a tener menos emociones negativas.

A simple vista, esto coincide con la percepción de muchos dueños de mascotas de que "las mascotas son reconfortantes".

Lo interesante es que este efecto no se limitó solo a los perros. Los perros tienen muchas interacciones sociales con los humanos, lo que facilita actividades como paseos y juegos. Por otro lado, los gatos suelen tener interacciones más tranquilas y distantes. Sin embargo, en este estudio, tanto las interacciones con perros como con gatos se relacionaron con la mejora del estado de ánimo diario.


El problema surgió en "momentos de estrés"

El equipo de investigación se centró en si las mascotas podían mitigar los efectos del estrés.

En psicología, el fenómeno en el que algo alivia los efectos negativos del estrés se conoce como "amortiguación del estrés". Por ejemplo, tener amigos o familiares cerca en momentos difíciles puede calmar el ánimo. Se había planteado la hipótesis de que las mascotas podrían tener un efecto similar al apoyo social.

Sin embargo, en este estudio no se encontraron pruebas claras de que el contacto con perros o gatos mitigara el deterioro del estado de ánimo causado por el estrés. En los momentos en que los participantes experimentaban estrés, su estado de ánimo se deterioraba. Y aunque hubiera contacto con una mascota, no se observó un efecto lo suficientemente fuerte como para contrarrestar ese deterioro.

Además, en el caso de los gatos, surgió un resultado algo inesperado. Cuanto más intenso era el contacto con un gato durante momentos de estrés, más tendían a intensificarse las emociones negativas en algunos casos.

Si se toma solo este punto, es fácil que se convierta en un titular sensacionalista como "acariciar a un gato empeora el estrés". De hecho, es probable que esta parte haya sido la que generó reacciones en las redes sociales.

Sin embargo, es importante tener precaución aquí. Los propios investigadores señalaron que la muestra de gatos era menor que la de perros y que esta relación no fue consistente en todos los análisis. Por lo tanto, no se puede afirmar categóricamente que los gatos empeoren el estrés. Más bien, debería interpretarse como que "la forma en que se interactúa con los gatos podría estar intrincadamente relacionada con la psicología humana durante el estrés".


No es culpa de los gatos, tal vez las expectativas humanas son demasiado altas

Entonces, ¿por qué el contacto intenso con los gatos se asoció con emociones negativas durante el estrés?

El equipo de investigación sugiere como una posibilidad que las interacciones con los gatos tienden a ser más pasivas y tranquilas que con los perros. Los perros miran a sus dueños, se acercan, los invitan a pasear o jugar, y a veces los obligan a cambiar de ánimo. En momentos de estrés, estas acciones extrovertidas pueden ayudar a alejar a las personas de sus problemas actuales.

Por otro lado, el contacto con los gatos tiende a ser más tranquilo, como acariciarlos, estar cerca o sentarse en el regazo. Esto es agradable en circunstancias normales. Sin embargo, en momentos de estrés intenso, esa tranquilidad podría hacer que las personas se concentren más en sus propias emociones.

Por ejemplo, después de un día de trabajo muy deprimente, al llegar a casa y abrazar a un gato, algunas personas pueden sentir calidez en el corazón. Pero para otras, la presencia de un compañero reconfortante puede hacer que afloren las emociones de tristeza o ira que habían estado reprimiendo. No es que el gato haya aumentado el estrés, sino que su presencia podría interpretarse como un estado "seguro para deprimirse".

En las redes sociales también se observó una perspectiva similar. Un usuario comentó que el aumento de emociones negativas al interactuar con un gato no se debe a que el gato sea malo, sino a que la creación de un espacio seguro permite sentir plenamente las emociones. Aunque no es una explicación científicamente probada, es una percepción con la que muchos dueños de mascotas podrían identificarse.


En las redes sociales se oyen voces de "el titular es demasiado fuerte" y "¿una conspiración de los amantes de los perros?"

 

Las reacciones en las redes sociales ante este estudio se dividen en tres grandes categorías.

La primera es la reacción de rechazo por parte de los amantes de los gatos. En la comunidad de psicología de Reddit, se compartieron experiencias personales como "cuando mi gato se acurruca en mi pecho y acerca su cara, siempre me siento mejor". Para quienes tienen gatos, el contacto con ellos es un consuelo que se siente más fuerte que cualquier estadística.

La segunda es la crítica al titular. Hubo voces que señalaron que el título, que sugiere que "abrazar a un gato empeora el estado de ánimo", distorsiona las verdaderas conclusiones del estudio. De hecho, la principal conclusión del artículo es que tanto los perros como los gatos ofrecen beneficios emocionales similares en la vida cotidiana. Un titular que demoniza solo a los gatos puede ser atractivo para los clics, pero es algo impreciso.

La tercera es la reacción en tono de broma. Se vieron comentarios como "¿acaso este estudio fue financiado por una organización de perros?" o "es propaganda de los amantes de los perros". Por supuesto, esto no es una acusación seria, sino más bien una broma sobre la eterna disputa entre amantes de los perros y amantes de los gatos. Más bien, muestra que este estudio es un tema emocional para muchas personas.

En el ámbito de habla japonesa, GIGAZINE cubrió este estudio, atrayendo atención en la categoría de vida de Hatena Bookmark. Las etiquetas incluían "gato", "investigación" y "tema", lo que sugiere que, aunque es un estudio serio, se percibe como un tema con cierto humor.

En LinkedIn, Medical Xpress presentó el contenido del estudio con un tono relativamente cauteloso. Allí se resumía que el contacto con mascotas generalmente se relaciona con un buen estado de ánimo, pero no necesariamente reduce los efectos negativos del estrés, y que en el caso de los gatos, se observó una relación con emociones negativas en algunos casos, pero no fue consistente. Esta cautela es clave para entender el estudio.


¿Estamos cargando demasiado a las mascotas con el "cuidado mental humano"?

La verdadera pregunta que plantea este estudio no es "¿cuál es mejor, perros o gatos?". Más bien, es sobre qué esperamos de nuestras mascotas.

En la sociedad moderna, las mascotas no son solo animales, sino miembros de la familia, compañeros y, a veces, un apoyo emocional. Para quienes viven solos, el simple hecho de que alguien los espere en casa se convierte en un ritmo de vida. Para los ancianos, cuidar de una mascota puede ser un propósito diario. Para los niños, son una fuente de confort que trasciende las palabras.

Sin embargo, las mascotas no son consejeros. No pueden verbalizar y absorber nuestras preocupaciones, ni organizar nuestros problemas. Aunque su presencia puede ayudarnos, no pueden absorber todo nuestro estrés.

De hecho, cuanto más fuerte es el estrés, más descuidadas pueden volverse nuestras interacciones con ellos. Sacar al perro a pasear mientras estamos irritados. Abrazar al gato más de lo necesario cuando estamos deprimidos. Las mascotas, al no poder rechazar con palabras, a menudo se convierten en receptáculos de nuestras emociones.

En el caso de los gatos, muchos tienen momentos claros en los que quieren ser acariciados y momentos en los que no. Cuando nos acercamos a ellos con la intención de "ser consolados", no siempre responden de la manera que esperamos. Si sentimos que nos rechazan, nuestras emociones negativas pueden intensificarse.

Por lo tanto, los resultados de este estudio no dicen que "los gatos son fríos", sino que pueden leerse como una advertencia de que "buscar consuelo solo por conveniencia humana puede no funcionar bien en la relación con las mascotas".


Perros y gatos tienen diferentes formas de "reconfortar"

No es necesario ver las diferencias entre perros y gatos en términos de superioridad. Lo importante es entender las diferencias en cómo reconfortan.

Los perros, a través de paseos y juegos, hacen que las personas se muevan. Aunque estemos deprimidos, al tomar la correa, salimos al exterior. Sentimos el aire fresco, caminamos y prestamos atención a los movimientos del perro. Esto puede funcionar como una activación conductual que distrae del estrés.

Los gatos, por otro lado, a menudo actúan como compañeros tranquilos. No nos llevan a la fuerza al exterior, pero crean una presencia suave en la habitación. Duermen cerca, maúllan de vez en cuando, se acercan caprichosamente. Su presencia disminuye la sensación de soledad.

Por lo tanto, la forma de interactuar que se adapta depende del tipo de estrés. Cuando la mente está saturada, caminar con un perro puede ser útil. En una noche en la que no queremos hablar con nadie, puede ser suficiente que un gato duerma en la misma habitación.

El estudio mostró que medir la relación con las mascotas solo con la vara de "alivio del estrés" es insuficiente. Lo que las mascotas pueden ofrecer no es una magia que elimine el estrés de inmediato, sino un entorno que apoye las emociones poco a poco en la vida diaria.


No se ha negado que "las mascotas reconfortan"

Una de las razones por las que hubo reacciones adversas en las redes sociales es que muchas personas sintieron que "su experiencia fue negada".

Sin embargo, el estudio no niega esa experiencia. De hecho, confirma que la interacción con las mascotas está relacionada con un aumento de las emociones positivas y una disminución de las emociones negativas. Tanto los perros como los gatos pueden contribuir al bienestar emocional de sus dueños.

Sin embargo, eso no significa que "funciona para cualquier tipo de estrés". Así como un medicamento para el resfriado no cura todos los malestares, la interacción con las mascotas no es una panacea. Cuando las causas del estrés son grandes, como problemas laborales, relaciones humanas, falta de sueño, preocupaciones económicas o enfermedades, no se pueden resolver simplemente acariciando a un perro o un gato.

Las mascotas no son entidades que resuelven problemas, sino que están al lado de las personas que los enfrentan. Esa diferencia es significativa.


Lo que los dueños necesitan es revisar "cómo se reconfortan"

Para aplicar este estudio a la vida diaria, primero es bueno reflexionar sobre nuestro comportamiento en momentos de estrés.

Cuando sentimos estrés, ¿realmente nos calma acercarnos a nuestras mascotas? ¿O, por el contrario, nuestras emociones se desbordan? ¿Quieren los perros o gatos interactuar en ese momento, o prefieren mantener la distancia?

Si abrazar a un gato no calma nuestros sentimientos, tal vez no sea una cuestión de incompatibilidad con el gato, sino una señal de que necesitamos otro tipo de cuidado en ese momento. Respirar profundamente, tomar una ducha, dar un paseo, hablar con alguien, dormir. Cuando combinamos estos cuidados personales con la presencia de nuestras mascotas, su efecto puede sentirse de manera más natural.

No está mal ser reconfortado por perros o gatos. Sin embargo, no debemos forzar ese consuelo. No debemos convertir a las mascotas en "gestores de emociones". Este podría ser el mensaje más práctico que se puede extraer del estudio.


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