¿Por qué las personas sienten el deseo de ver a alguien? El mecanismo cerebral que percibe la soledad como "hambre".

¿Por qué las personas sienten el deseo de ver a alguien? El mecanismo cerebral que percibe la soledad como "hambre".

Un ratón que pasó varios días solo se reencuentra con sus compañeros. Emite sonidos agudos, sigue a los demás y se mete debajo de sus cuerpos. A los ojos humanos, parece que está tratando de abrazarlos.

Describir este comportamiento como "porque estaba solo" podría parecer una proyección excesiva de emociones humanas en los animales. Sin embargo, en los últimos años, los neurocientíficos han estado explorando la posibilidad de que la fuerza que nos impulsa a buscar contacto social esté integrada en el sistema que mantiene la vida en un estado equilibrado, al igual que el apetito o la sed.

Esto significa que no nos encontramos con otros solo por placer. Cuando el cerebro decide que "falta conexión", puede surgir el deseo de ver a alguien, escuchar su voz o tocarlo.


La soledad no se mide por "números"

Al considerar la soledad, lo primero que debemos distinguir es la diferencia entre "estar solo" y "sentirse solo".

Algunas personas se sienten solas en una fiesta bulliciosa, mientras que otras se sienten plenas estando solas en una habitación tranquila. La cantidad y forma de interacción que se necesita varía según la especie animal, y en los humanos, hay grandes diferencias individuales. Algunas personas mantienen su bienestar hablando con muchas personas todos los días, mientras que otras necesitan relaciones profundas con pocas personas y tiempo suficiente a solas.

Por lo tanto, pensar que la solución a la soledad es simplemente "hacer más amigos" es demasiado simplista. Lo importante es la diferencia entre la conexión que una persona necesita y la que realmente obtiene.

El concepto de "homeostasis social" está ganando atención como un mecanismo para medir y ajustar esta diferencia. Al igual que el cuerpo tiembla cuando la temperatura baja y suda cuando sube, se hipotetiza que el cerebro detecta la falta o el exceso de contacto social y cambia el comportamiento. Es como si hubiera un termómetro social en el cerebro.


Después de 10 horas de aislamiento, las personas desean "gente"

En un estudio con humanos, se aisló a los participantes de cualquier contacto con otros durante 10 horas. Después del aislamiento, informaron un fuerte deseo de interacción social.

Además, al examinar las imágenes cerebrales, se observó que una parte del mesencéfalo reaccionaba cuando veían fotos de personas interactuando alegremente. Esta reacción era similar a la de personas que habían ayunado al ver fotos de comida. Esta área incluye el sistema dopaminérgico, que está relacionado con la motivación, la recompensa y el deseo.

Estos resultados no prueban que "la soledad sea exactamente igual que el hambre". Sin embargo, el hecho de que un cerebro privado de contacto social muestre una reacción de "ansia" similar a la de la privación de alimentos sugiere que la conexión con otros no es solo un pasatiempo o un lujo.

No llamamos debilidad de voluntad al hambre. De la misma manera, no deberíamos etiquetar el sentimiento de soledad como un defecto de carácter o debilidad mental. Si consideramos que el sentimiento de soledad es una señal del cuerpo y el cerebro de que "falta algo necesario", podemos tratarlo como información para ajustar nuestra vida, en lugar de sentir vergüenza o autonegación.


Circuitos de "aislamiento" y "reencuentro" encontrados en el cerebro del ratón

En un estudio publicado en 2025, se observó la actividad cerebral de ratonas adultas que fueron aisladas durante varios días y luego se reunieron brevemente con sus hermanas.

Los investigadores se centraron en el hipotálamo, que está involucrado en la regulación del hambre, la sed, el sueño y otros ajustes. En esta área, se identificaron grupos de células nerviosas que se activaban durante el aislamiento y se calmaban al reunirse, y viceversa, células que se activaban durante el reencuentro.

Cuando se estimulaban artificialmente las células del lado del aislamiento, los ratones evitaban el lugar asociado con esa estimulación. Por otro lado, cuando se estimulaban las células del lado del reencuentro, preferían ese lugar. Estos resultados sugieren que el aislamiento se procesa como un estado desagradable y el reencuentro como una recompensa.

Además, cuanto más largo era el aislamiento, más tiempo pasaban los ratones persiguiendo, oliendo y vocalizando después del reencuentro. Al igual que se bebe más agua después de una larga privación o se come más después de saltarse una comida, parece haber una "reacción" para recuperar el déficit de contacto social.

Sin embargo, no se puede aplicar directamente el comportamiento de los ratones a la soledad humana. Las relaciones humanas son complejas, involucrando lenguaje, memoria, cultura, posición y experiencias pasadas de daño. Aun así, la posibilidad de que un antiguo mecanismo cerebral que regula el aislamiento y el reencuentro sea común en los mamíferos proporciona una pista importante para considerar la soledad como un problema biológico.


¿Por qué es especial el "contacto físico"?

Lo que resulta especialmente impactante en el artículo original es el experimento que investigó cómo los ratones confirmaban la presencia de sus compañeros.

Los ratones que habían perdido la vista también reaccionaron al aislamiento. Incluso cuando no podían ver a sus compañeros, si se colocaban en la misma jaula separados por una barrera perforada que permitía el paso de sonidos y olores, no se consideraba que hubieran obtenido suficiente contacto. Lo importante era poder tocar directamente el cuerpo del otro.

Los ratones aislados preferían un pasillo cubierto con tela suave a uno duro. La presión suave o la estimulación de la piel pueden tener un efecto de alivio del déficit de contacto, aunque no sea completo.

En los humanos, las caricias lentas, los abrazos, una mano en la espalda o la presión de un masaje se procesan a través de vías sensoriales específicas. Por eso, la sensación de vacío que no se llena con muchos mensajes puede aliviarse un poco con un apretón de manos breve o un abrazo familiar.

Sin embargo, es peligroso hablar del contacto físico como una panacea. Algunas personas no se sienten cómodas con el contacto físico. La distancia que se siente segura varía según las experiencias pasadas, la cultura y las relaciones. Lo importante no es aumentar la cantidad de contacto, sino elegir un contacto que sea consensuado y seguro para ambas partes.


Cuando el aislamiento se prolonga, se desea ver a otros pero no se puede

En el aislamiento a corto plazo, muchos animales buscan intensamente a sus compañeros. Sin embargo, cuando el aislamiento se prolonga, no siempre se mantiene la misma reacción.

Algunos estudios han mostrado que ratones machos aislados durante largos períodos no se vuelven sociables al reunirse, sino que se vuelven evitativos o agresivos. En los humanos, después de un aislamiento extremo como el confinamiento solitario prolongado, puede surgir un estado en el que se desea el contacto con otros pero al mismo tiempo se teme.

Esto también explica por qué no es suficiente aconsejar a las personas solitarias que "salgan" o "hablen con alguien". Cuanto más se prolonga el aislamiento, más se pierde la confianza en la conversación, se anticipa el rechazo y se experimenta un fuerte cansancio o ansiedad en lugares concurridos. Surge una contradicción en la que el cerebro, que necesita conexión, evita el contacto para protegerse.

Por lo tanto, la entrada a la recuperación no siempre es una reunión multitudinaria. Ir a una tienda familiar, dar un paseo a una hora determinada, hacer una llamada de voz con alguien con quien se ha estado hablando en línea o reunirse regularmente con la misma persona en una clase pueden ser contactos más útiles y predecibles.


Empatía ampliada por las redes sociales: "Conectado pero insatisfecho"

En una publicación pública de LinkedIn que presentó este estudio, se expresó la percepción de que "el contacto social podría no ser una recompensa emocional, sino una necesidad biológica". También se compartió la idea de que se debe distinguir entre "estar satisfecho solo" y "sufrir por aislamiento".

En Reddit, las respuestas fueron más prácticas: "Incluso si estás conectado con muchas personas a través de redes sociales o mensajes, la soledad no desaparece sin relaciones profundas", "El mundo en línea puede ser un punto de encuentro, pero no necesariamente cultiva la relación en sí", "Más que el número de conexiones, es importante pasar tiempo en el mismo espacio y la intimidad".

En los hilos que discuten la falta de contacto físico, se mencionan no solo el contacto romántico o sexual, sino también "no hay abrazos de amigos", "nadie pone una mano en mi hombro" y "un masaje clínico es diferente al contacto con afecto".

Como medidas, se compartieron experiencias como pedir abrazos a familiares o amigos, vivir con mascotas, usar masajes, participar en bailes sociales o actividades en equipo, y usar mantas pesadas.

Por otro lado, también se discutieron barreras prácticas como "las mascotas y los masajes cuestan dinero", "es difícil pedir un abrazo a alguien con quien no se tiene confianza" y "no tengo energía para ver a la gente". La soledad no se resuelve solo con el esfuerzo individual. Está influenciada por el diseño social, incluyendo la situación económica, la forma de trabajar, el entorno de vida, los medios de transporte, los lugares de encuentro comunitarios y la seguridad.

Estas publicaciones no son encuestas de opinión, sino solo experiencias de algunos usuarios de redes sociales. Aun así, transmiten que el "deseo social" que la investigación indica se experimenta en la vida diaria como "la tristeza de no recibir respuestas", "la dificultad de no ser tocado por nadie" y "el vacío después de cerrar la pantalla".


Las redes sociales no son el enemigo. Pero a veces "solo mirar" no es suficiente

 

No hay una conclusión simple sobre si las redes sociales generan o alivian la soledad. Algunos estudios sugieren que las personas que pasan más tiempo en redes sociales sienten más soledad, pero también es posible que las personas solitarias usen más las redes sociales, por lo que la relación causal debe considerarse con cuidado.

Lo importante no es solo el tiempo de uso de la pantalla, sino cómo se utiliza. Si solo se miran publicaciones de conocidos y se comparan con uno mismo, la falta de conexión puede resaltarse. Por otro lado, contactar a alguien específico, hablar sobre preocupaciones y conectar con compromisos de llamadas o encuentros cara a cara puede ser una puerta de entrada para aliviar el aislamiento.

Es mejor usar las redes sociales no como un "sustituto de relaciones", sino como un "camino hacia las relaciones". En lugar de dar cien "me gusta", enviar un "¿cómo has estado?" a una persona. En lugar de seguir viendo fotos de personas desconocidas divirtiéndose, participar regularmente en pequeños grupos con intereses comunes. La clave es transformar la conexión en una interacción recíproca.


Lo que necesitamos no es sociabilidad, sino "conexiones ajustables"

Incluso si el contacto social es una necesidad básica, no todos necesitan ser extrovertidos. Lo necesario es conocer nuestro propio termómetro social y ajustarlo según la falta o el exceso.

Si después de pasar tiempo a solas uno se siente renovado, ese tiempo no es aislamiento sino recuperación. Por otro lado, si cuanto más tiempo se pasa solo, más se estrechan los pensamientos, se pierde el sueño, no se tiene ganas de hacer nada y se quiere contactar con alguien pero no se puede, podría ser una señal de falta de conexión.

Los ajustes que se pueden hacer en la vida diaria pueden ser pequeños. Reunirse regularmente con la misma persona. Hacer una llamada corta. Tener conversaciones informales fuera del trabajo. Tener un lugar donde saludar. Comer con alguien. Si es cómodo para ambos, valorar un apretón de manos, un abrazo o un toque ligero en el hombro.

A veces, una relación que se puede prever como "volver a ver" proporciona más tranquilidad que una red de contactos numerosa.

La investigación sobre la soledad no enseña que los humanos no pueden hacer nada solos. Enseña que la capacidad misma de vivir de manera independiente está apoyada por conexiones seguras con otros.

Necesitar a alguien no es una debilidad. Al igual que comemos cuando tenemos hambre y dormimos cuando estamos cansados, nuestro cerebro a veces busca voces, expresiones, conversaciones y temperatura corporal. Crear una sociedad que reconozca estas señales y responda sin vergüenza puede ser lo que se necesita en la era de la soledad.


URL de la fuente

"Why we crave company" publicado por Local News 8 a través de Stacker. Artículo que sirvió como punto de partida para este texto.
https://localnews8.com/stacker-wellness/2026/07/14/why-we-crave-company/

Artículo original de Knowable Magazine que explica científicamente la homeostasis social, el comportamiento de reencuentro en ratones y la importancia del tacto.
https://knowablemagazine.org/content/article/mind/2026/why-we-crave-social-interaction

Estudio de Nature Neuroscience que investigó la actividad del mesencéfalo similar a la reacción al ver comida en personas aisladas durante 10 horas.
https://www.nature.com/articles/s41593-020-00742-z

Estudio publicado en Nature en 2025 que mostró que diferentes circuitos neuronales del hipotálamo se activan durante el aislamiento y el reencuentro.
https://www.nature.com/articles/s41586-025-08617-8

Revisión en Annual Review of Neuroscience que organiza los deseos sociales y los deseos fisiológicos como el hambre y la sed desde la perspectiva de los circuitos neuronales y la homeostasis.
https://www.annualreviews.org/content/journals/10.1146/annurev-neuro-112723-025633

Publicación pública de LinkedIn que introdujo la idea de que "la soledad podría ser similar al hambre" y que "el contacto social podría no ser una elección sino una necesidad básica".
https://www.linkedin.com/posts/dr-todd-boudreau-76841a6_why-we-crave-company-activity-7470768741115637761-lqSA

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