¿La influencia genética es mayor en las personas para quienes dejar de fumar es más difícil? La sorprendente relación entre el tabaco y el ADN

¿La influencia genética es mayor en las personas para quienes dejar de fumar es más difícil? La sorprendente relación entre el tabaco y el ADN

¿De dónde proviene la diferencia entre las personas que "fuman demasiado" y las que "no toleran el tabaco"?

Aunque fumen el mismo cigarrillo, algunas personas permanecen impasibles, mientras que otras se sienten mal después de unas pocas caladas o incluso sufren dolores de cabeza solo con el olor del humo. Además, mientras algunos no pueden dejar de fumar aunque lo deseen, otros no encuentran el placer en ello y no comprenden la dependencia.
Estas diferencias de "constitución" se han atribuido durante mucho tiempo a factores como el "entorno en el que crecieron", la "personalidad" o la "fuerza de voluntad". Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que los genes podrían estar involucrados.


La clave está en "cómo se recibe la nicotina"

La nicotina es el principal componente de la dependencia del tabaco. Afecta los circuitos de "recompensa" en el cerebro, provocando sensaciones de placer, calma y concentración. Sin embargo, también puede causar reacciones desagradables como palpitaciones, náuseas y mareos.


El equilibrio entre estas sensaciones de "placer" y "desagrado", así como la fuerza del deseo de "querer más", varía entre individuos. Las investigaciones se centran en los genes relacionados con los receptores de nicotina (receptores nicotínicos de acetilcolina). Si hay diferencias en cómo se forman o funcionan estos receptores, la misma cantidad de nicotina puede tener efectos diferentes en el cerebro. Esto podría explicar por qué algunas personas fuman más o desarrollan dependencia más fácilmente.


También se han reportado mutaciones genéticas que "cambian significativamente la cantidad que se fuma"

Un ejemplo reportado es que las personas con ciertas mutaciones en los genes relacionados con los receptores de nicotina tienden a fumar significativamente menos que aquellas sin estas mutaciones. Análisis a gran escala han encontrado casos donde las diferencias genéticas se correlacionan estadísticamente con indicadores de comportamiento como "cuántos cigarrillos se fuman al día".


Es importante destacar que no se trata de una simple relación de "los genes te hacen fumar". Las diferencias genéticas influyen en cómo se siente la nicotina, ya sea "intensificando", "debilitando" o "provocando desagrado", lo que resulta en diferentes tendencias de comportamiento. Esto sugiere que la sensibilidad inicial puede variar.


¿Las reacciones "alérgicas" también están relacionadas con la genética?

El término "alergia al tabaco" se usa en conversaciones cotidianas, pero médicamente es importante distinguir si se trata de una reacción alérgica estricta (respuesta específica del sistema inmunológico), una intolerancia (hipersensibilidad) o el impacto de una enfermedad respiratoria.


Sin embargo, es un hecho que algunas personas experimentan síntomas intensamente desagradables con el humo, y esto puede estar relacionado con la sensibilidad de los receptores, las vías de desintoxicación (metabolismo) y la predisposición a reacciones inflamatorias. Con el avance de la investigación genética, se está abriendo el camino para explicar con más detalle por qué algunas personas se sienten mal incluso con pequeñas cantidades o experimentan fuertes síntomas de abstinencia al dejar de fumar.


¿Los genes son una "excusa" o un "mapa de apoyo"?

Este tema siempre genera ciertas reacciones.


Algunas personas lo interpretan como un "perdón" diciendo: "Si es genético, no hay nada que hacer" o "¿Entonces está bien fumar?". Sin embargo, la investigación solo muestra "tendencias", no un destino inevitable. Aunque existan factores genéticos, el éxito en dejar de fumar está fuertemente influenciado por el entorno y el apoyo.


De hecho, la perspectiva genética es útil para "apoyos personalizados para dejar de fumar". Por ejemplo, para aquellos que experimentan fuertes síntomas de abstinencia, es crucial diseñar un plan que combine terapias de reemplazo de nicotina, farmacoterapia y terapia conductual. Por otro lado, crear un entorno que evite la exposición al tabaco podría ser más efectivo para aquellos que experimentan fuertes reacciones de desagrado incluso con pequeñas cantidades. La información genética debe tratarse como un "mapa de apoyo", no como un "material para culpar".


Las opiniones en las redes sociales son variadas: "Me siento aliviado", "Es aterrador", "¿Otra vez la responsabilidad personal?"

Este tipo de temas sobre genética y comportamiento se difunden rápidamente en las redes sociales. Las reacciones generalmente se dividen en las siguientes categorías.

  • Grupo aliviado: "Siempre me han dicho que tengo poca voluntad, pero si también hay un impacto de la constitución, lo entiendo", "No quiero que se hable solo de esfuerzo".

  • Grupo precavido: "Me asusta que se etiquete a las personas como 'fumadores' por sus genes", "¿Qué pasa si afecta al seguro o a la contratación?".

  • Grupo de oposición: "Usar la genética como excusa para seguir fumando", "Al final, dejar de fumar depende de la persona".

  • Grupo realista: "Es tanto genética como entorno", "El estrés, la pobreza y la tasa de fumadores en el entorno son factores importantes".

  • Grupo curioso: "¿De qué tipo soy?", "Si se puede saber con una prueba, me gustaría hacerla".


Lo más común es que surjan simultáneamente reacciones de oposición al "genética = excusa" y de empatía hacia la "liberación de la responsabilidad personal". Fumar es un problema de salud, pero también está relacionado con la adicción, la desigualdad, el estrés, la cultura y la regulación, lo que hace que las opiniones choquen fácilmente.


"Si se puede saber con una prueba genética" debe tratarse con cautela

En las redes sociales, es común escuchar "¿Entonces se puede saber con una prueba genética?". Sin embargo, actualmente es arriesgado afirmar categóricamente "usted es del tipo fumador empedernido" solo con los resultados de pruebas para el público en general.


La razón es simple: el comportamiento de fumar es multifactorial. No está determinado solo por los genes, ni puede explicarse con una sola mutación. Además, incluso con los mismos factores genéticos, el entorno familiar, las relaciones de amistad, el estrés laboral, la publicidad, los precios y la fuerza de las regulaciones pueden cambiar significativamente los resultados.


Si se avanza en el uso de la información genética, lo necesario es una aplicación cuidadosa en el contexto médico y de salud pública, asegurando que beneficie al individuo y no se utilice para discriminación o vigilancia.


Aún así, la investigación ofrece esperanza: de "culpar" a "diseñar"

Las discusiones sobre el tabaquismo tienden a centrarse en la moralidad: "Fumar es malo", "No poder dejarlo es una debilidad". Sin embargo, cuanto más se comprende el fenómeno de la adicción, más se desmorona esta simplicidad.


La investigación genética no es un material para justificar el tabaquismo, sino que tiene el potencial de aumentar los "medios para dejar de fumar". El apoyo no debe ser uniforme, sino diseñado para adaptarse a las diferencias individuales. A nivel social, es necesario avanzar en paralelo en la mejora del acceso a clínicas para dejar de fumar, medicamentos, la prevención del tabaquismo pasivo y medidas para evitar que los jóvenes comiencen a fumar.


Los genes no son una excusa. Tampoco son una etiqueta para culpar. Son una nueva lente para pensar de manera más realista en "cómo apoyar".



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