¿Por qué los hombres son más propensos a desarrollar la enfermedad de Parkinson? - Diferencias de género encontradas en las "células de soporte" del cerebro

¿Por qué los hombres son más propensos a desarrollar la enfermedad de Parkinson? - Diferencias de género encontradas en las "células de soporte" del cerebro

Temblor en las extremidades, lentitud en los movimientos, rigidez muscular, dificultad para mantener la postura. La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurológico progresivo que presenta diversos síntomas debido a la pérdida gradual de células que producen dopamina, un neurotransmisor que coordina el movimiento.

Sin embargo, el impacto de la enfermedad no se limita solo a la función motora. Los "síntomas no motores", que son difíciles de detectar a simple vista, como la disminución del sentido del olfato, el estreñimiento, los trastornos del sueño, el dolor, la depresión y los cambios en la función cognitiva, también afectan significativamente la calidad de vida.

Desde hace tiempo se conoce que esta enfermedad presenta diferencias claras entre hombres y mujeres. Aunque las cifras varían según la región y el método de investigación, los estudios, principalmente en Occidente, informan que la tasa de incidencia y prevalencia en hombres es aproximadamente 1.5 a 2 veces mayor que en mujeres.

Sin embargo, aunque se sabe que "es más común en hombres", no se ha explicado suficientemente "por qué es más común".

Se ha sugerido que los hombres tienen una mayor proporción de empleos en agricultura, procesamiento de metales y petroquímica, donde es más probable el contacto con pesticidas y productos químicos. También se ha planteado la posibilidad de que el estrógeno, una hormona femenina, ofrezca cierta protección a las células nerviosas. Además, se han propuesto diferencias en la función genética, la respuesta inmunitaria, los hábitos de vida y el comportamiento de búsqueda de atención médica. Sin embargo, no es tan simple como para ser explicado por un solo factor.

Recientemente, ha surgido una nueva hipótesis que se centra no en las células nerviosas en sí mismas, sino en las diferencias entre los "gliales", las células que las sostienen.


El foco se ha puesto en las "células de soporte" en lugar de las "protagonistas" del cerebro

Un equipo de investigación de la Universidad de Saarland en Alemania comparó tejidos cerebrales post mortem de 72 pacientes con Parkinson y 24 personas sin la enfermedad, investigando qué genes estaban activos en diversas células del cerebro.

Los resultados de la investigación se presentaron en el congreso de la Federación Europea de Sociedades de Neurociencia en 2026.

Cuando se habla de investigación cerebral, la atención suele centrarse en las neuronas, las células nerviosas que transmiten información. Sin embargo, el cerebro también contiene múltiples células gliales que sostienen a las neuronas, suministran nutrientes, ajustan el entorno circundante y protegen los circuitos neuronales.

En esta investigación, las diferencias de género se observaron particularmente en los astrocitos y los oligodendrocitos.

Los astrocitos son células con forma de estrella que desempeñan muchas funciones, como el suministro de nutrientes a las neuronas, la recolección de neurotransmisores excedentes, el ajuste de la concentración de iones y la participación en la respuesta inflamatoria. No son simplemente "células de relleno", sino más bien administradores del entorno cerebral.

Por otro lado, los oligodendrocitos crean una estructura llamada "mielina" alrededor de las fibras nerviosas, que actúa como un aislante esencial para la transmisión rápida y precisa de señales eléctricas.

El equipo de investigación identificó patrones de actividad diferentes entre hombres y mujeres en genes relacionados con el suministro de energía a través de las mitocondrias en los astrocitos, y en la formación y mantenimiento de la mielina en los oligodendrocitos.

Esto sugiere que, en el cerebro masculino, la gestión de la energía celular y la protección de las fibras nerviosas bajo la carga de la enfermedad de Parkinson podrían diferir de las del cerebro femenino.

Sin embargo, es importante destacar que no se ha concluido que "los hombres tienen mitocondrias débiles" o que "la mielina masculina es frágil". Lo que se ha observado es simplemente una diferencia de género en la actividad genética en tejidos cerebrales enfermos.

Queda por investigar si estas diferencias son una causa del inicio de la enfermedad, un resultado de su progresión, o reflejan diferencias en el tratamiento farmacológico o el entorno de vida.


"Estrés celular" común en ambos géneros

La investigación también confirmó rastros de estrés celular en varias regiones cerebrales, independientemente del género.

Dentro de las células, es crucial que las proteínas mantengan su estructura tridimensional correcta. Si se deforman debido al calor, el estrés oxidativo, el envejecimiento o cambios patológicos, la función celular se ve comprometida.

Aquí es donde actúan las proteínas llamadas "chaperonas", que ayudan a las proteínas dañadas a mantener su forma correcta y evitan agregaciones anormales.

El análisis mostró que las reacciones relacionadas con las chaperonas se intensificaron en las células cerebrales de los pacientes con Parkinson, lo que sugiere que las células intentaban responder al daño.

La acumulación anormal de una proteína llamada α-sinucleína es un importante objeto de estudio en la enfermedad de Parkinson. La gestión de la calidad celular, la función mitocondrial, la inflamación y el sistema de degradación de proteínas están interrelacionados, y es difícil entenderlos de forma aislada.

Lo interesante de esta investigación es que sugiere que, además de las respuestas comunes al estrés, podría haber diferencias de género en el suministro de energía celular y la protección de las fibras nerviosas.

Es decir, aunque la enfermedad de Parkinson tiene una patología común, la respuesta del cerebro a la carga de la enfermedad podría no ser completamente la misma en hombres y mujeres.


No solo "quién es más propenso", sino también "cómo se manifiestan los síntomas"

Las diferencias de género no solo se observan en el número de personas que desarrollan la enfermedad.

Un estudio a gran escala en Australia que examinó a 10,929 personas con Parkinson reportó tendencias diferentes en los síntomas y la exposición ambiental pasada entre hombres y mujeres.

El 70% de las mujeres reportaron dolor, más que el 63% de los hombres. Las caídas fueron reportadas por el 45% de las mujeres y el 41% de los hombres, la depresión por el 32% de las mujeres y el 26% de los hombres, y la ansiedad por el 23% de las mujeres y el 16% de los hombres.

En los hombres, el 67% reportó cambios en la memoria, superando el 61% de las mujeres. Los trastornos del comportamiento del sueño REM y la apnea del sueño también fueron más comunes en hombres, y la impulsividad, especialmente relacionada con el comportamiento sexual, fue más destacada en hombres.

Sin embargo, estas son tendencias promedio y no deben aplicarse directamente a cada paciente individual. Hay hombres que sufren de dolor y mujeres con fuertes déficits de memoria. No se puede predecir los síntomas o el curso de la enfermedad solo por el género.

Además, el estudio australiano fue una encuesta transversal basada principalmente en respuestas de los participantes, y menos del 6% de los invitados realmente participaron. La mayoría de los participantes tenían ancestros europeos, por lo que las cifras pueden no aplicarse a otras regiones o grupos étnicos.

Aun así, la experiencia de más de 10,000 pacientes demuestra que el Parkinson no es una enfermedad que se manifieste de la misma manera en todos.


¿Podrían las diferencias en mitocondrias y mielina llevar a tratamientos?

Aún no se sabe si esta investigación se traducirá directamente en tratamientos futuros.

Si se confirma que en los hombres el metabolismo energético de ciertas células es más propenso a debilitarse, podría haber diferencias en la efectividad de los tratamientos dirigidos a la función mitocondrial o al estrés oxidativo según el género o el tipo molecular del paciente.

Si hay diferencias en el mantenimiento de los oligodendrocitos o la mielina, se podrían añadir nuevas perspectivas a los tratamientos que protegen los circuitos neuronales, ajustan la inflamación o regulan las interacciones entre células.

Además, podría haber un cambio desde el enfoque estándar actual de administrar la misma dosis del mismo medicamento hacia una selección de tratamientos basada en la actividad genética, el entorno hormonal, la edad, los síntomas, el metabolismo y la exposición ambiental de cada paciente.

Esto no se trata simplemente de dividir los medicamentos en "para hombres" y "para mujeres". La investigación sobre diferencias de género no busca fijar a los pacientes en dos grupos, sino ayudar a comprender mejor la diversidad de la enfermedad.

A partir de las diferencias promedio por género, se investigan las funciones mitocondriales, las respuestas inmunitarias, las hormonas, el control genético y los factores ambientales subyacentes. El objetivo final es encontrar un diagnóstico y tratamiento que se adapte a cada individuo.


No el "gen" en sí, sino "cómo se usa el gen"

El equipo de investigación también ha estado interesado en las diferencias epigenéticas de género en la enfermedad de Parkinson.

La epigenética se refiere a los mecanismos que regulan qué genes se activan y cuáles se desactivan sin cambiar la secuencia del ADN en sí.

Uno de los mecanismos representativos es la metilación del ADN, donde se añaden marcas químicas a partes específicas del ADN, alterando la forma en que se leen los genes.

Análisis previos del equipo de investigación sugieren que en mujeres con enfermedad de Parkinson en etapas tempranas, la relación entre la metilación del ADN en la sangre y la enfermedad es más fuerte que en hombres.

Estos cambios pueden estar influenciados por diversos factores como la edad, las hormonas, la inflamación, la dieta, el ejercicio, el estrés y la exposición a productos químicos.

Sin embargo, no es apropiado vincular esto a la responsabilidad individual diciendo "la enfermedad surgió por malos hábitos de vida". Se cree que la mayoría de los casos de Parkinson resultan de una compleja interacción de edad, predisposición genética, entorno y cambios celulares aleatorios.

La exposición a pesticidas también se investiga como un factor de riesgo, pero no todos los expuestos desarrollan la enfermedad, y algunos que no han estado expuestos también la desarrollan. Aún se necesita investigar la fuerza de las relaciones causales y qué sustancias tienen qué grado de impacto.


"Expectativas" y "dudas sobre los titulares" en redes sociales y comentarios

En la sección de comentarios del artículo que informó sobre esta investigación, se observaron varias reacciones.

Lo que más destacó fueron las voces sinceras de personas que han experimentado el Parkinson en su familia. Más que las diferencias de género en la tasa de incidencia, estaban interesadas en cuánto cambia la vida del paciente y su familia, y querían conocer diferencias específicas y aplicaciones en el tratamiento.

Por otro lado, hubo críticas hacia los titulares que daban la impresión de haber descubierto un "factor decisivo", mientras que el texto indicaba que las causas no estaban confirmadas. Aunque los hallazgos son una pista importante, no explican completamente por qué la tasa de incidencia es más alta en hombres debido a un solo factor. Las dudas de los lectores sirven como material para considerar el equilibrio entre la fuerza de los titulares en los informes científicos y la incertidumbre de los resultados de la investigación.

También hubo voces que se centraron en la relación entre la genética y el entorno de vida. Algunos intentaron entender la epigenética como un mecanismo en el que la dieta, el ejercicio y el estrés alteran la actividad genética, mientras que otros lo percibieron como una elección entre "es genético o es el estilo de vida".

En realidad, la investigación actual indica que no se trata de una elección entre genética o entorno, sino de la interacción entre ambos. La predisposición genética puede cambiar la respuesta al entorno, y el entorno puede alterar la actividad genética.

Además, el hecho de que la investigación comparara hombres y mujeres provocó que algunas publicaciones cambiaran el tema de contenido médico a debates políticos y culturales sobre el género.

Aquí, investigar las diferencias biológicas de género y respetar la identidad de género y los roles sociales de las personas no son inherentemente opuestos. En la investigación médica, es necesario considerar por separado los elementos biológicos como los cromosomas, las hormonas, los órganos reproductivos, la complexión, el metabolismo de los medicamentos, y los elementos sociales como la ocupación, los ingresos, el rol de cuidador y las oportunidades de atención médica.

Si las diferencias de género en la enfermedad se convierten en un material de victoria política, las discusiones sobre el diagnóstico, tratamiento y apoyo al cuidado realmente necesarios para los pacientes podrían quedar relegadas.

Cabe señalar que los comentarios y publicaciones en redes sociales no son encuestas de opinión. Tienden a ser escritos por usuarios con opiniones fuertes, y no representan necesariamente el pensamiento de todos los pacientes, familias o la sociedad en general.


Limitaciones de la investigación: no una "respuesta", sino "dónde investigar a continuación"

La investigación del tejido cerebral tiene claras limitaciones.

Primero, los tejidos cerebrales estudiados provinieron de 72 pacientes con Parkinson y 24 controles, lo cual no es suficiente para confirmar diferencias de género en la actividad genética.

Segundo, en los estudios de cerebros post mortem, es difícil distinguir entre diferencias que existían antes del inicio de la enfermedad y aquellas que surgieron como resultado de su progresión a lo largo de los años.

Tercero, los medicamentos que los pacientes usaron en vida, la duración de la enfermedad, la edad al morir, las enfermedades coexistentes y el entorno de vida podrían haber influido en la actividad genética.

Cuarto, los resultados de la investigación se presentaron en un congreso y no en un artículo completo publicado en una revista académica revisada por pares. Hasta que se publiquen los detalles del método de análisis, el procesamiento estadístico y el contexto de los pacientes, y sean verificados por otros investigadores, las conclusiones deben tratarse con cautela.

Aun así, la investigación tiene valor.

El avance científico no ocurre al presentar respuestas finales de inmediato, sino al ir delimitando poco a poco "dónde investigar a continuación". Que el metabolismo energético de los astrocitos y el mantenimiento de la mielina por los oligodendrocitos hayan surgido como áreas candidatas proporciona un camino concreto para futuros experimentos y exploraciones de objetivos terapéuticos.


Hacia una era en la que el Parkinson no se considere "una sola enfermedad"

La enfermedad de Parkinson, aunque lleva el mismo nombre diagnóstico, presenta síntomas, edades de inicio, velocidades de progresión y respuestas a medicamentos que varían ampliamente.

Algunas personas tienen temblores como síntoma principal,