La soledad no es un error, sino una característica: lo que las aplicaciones para encontrar el amor están optimizando no es el "amor", sino el diseño interminable de deslizar.

La soledad no es un error, sino una característica: lo que las aplicaciones para encontrar el amor están optimizando no es el "amor", sino el diseño interminable de deslizar.

A medida que se acerca San Valentín, el mundo de las aplicaciones de citas se anima. Aumentan los nuevos registros, se actualizan los perfiles y se aceleran los deslizamientos y los mensajes. Sin embargo, ¿por qué en un día que se supone que celebra el amor, algunas personas sienten "más bien soledad"? El artículo no atribuye esta sensación únicamente a la "compatibilidad personal" o a la "dificultad del amor moderno". Plantea que el diseño de las aplicaciones en sí y la lógica económica que las sustenta están cambiando la forma en que nos relacionamos románticamente.


En lugar de "vender amor", venden "esperanza"

El artículo enfatiza que lo que las aplicaciones venden no es el "amor" en sí, sino la sensación de que "con un poco más de inversión, podrías acercarte". El negocio de las citas en línea es enorme; por ejemplo, el gigante Match Group posee varias aplicaciones principales y reporta grandes ingresos trimestrales. Sin embargo, debido a cambios como la disminución de usuarios de pago, hay una tendencia a buscar crecimiento con nuevas funciones que atraigan a los jóvenes, incluyendo el uso de IA.


Lo importante es que el comportamiento ideal del usuario para la plataforma no es "encontrar a alguien especial y darse de baja". El ideal es que regresen, sigan mirando, comparen y, a veces, paguen. El éxito romántico no es el objetivo, sino que la permanencia y el recorrido lo son, y esta estructura se impregna en los detalles del producto.


¿Por qué no termina el deslizamiento?—La monetización de la "incertidumbre"

El artículo explica que "cuanto más se prolonga la incertidumbre, más rentable es". Si se sigue estimulando la expectativa de que podría haber alguien mejor, los usuarios son menos propensos a abandonar. Para ello, se utilizan elecciones gamificadas, un sistema de recompensas intermitentes (como las recompensas variables de las tragamonedas), notificaciones para atraer de nuevo y el miedo a perderse algo (FOMO). Así, se diseña la "dificultad para dejarlo", se acumulan el tiempo de uso y los datos, y se conecta con la publicidad, las suscripciones y las funciones de pago.


La interfaz de la aplicación es amable. Sin embargo, esa amabilidad se dirige a "continuar operando" más que a "avanzar en el amor". Deslizar y desplazarse es fácil, las decisiones son rápidas y lo siguiente aparece enseguida. Cuanto menos espacio haya para reflexionar, más fluido es el consumo.


La psicología de no poder elegir una "pareja satisfactoria"

Las personas tienen un límite en la toma de decisiones. Dado que el tiempo, la información y la energía mental son finitos, tendemos a adoptar una estrategia de "decidir cuando es suficientemente bueno" (satisfacer). En el amor, antes "ser compatible" o "sentirse cómodo juntos" eran criterios suficientes.


Sin embargo, las aplicaciones hacen que las opciones parezcan "infinitas". En un mercado que parece infinito, es difícil estar satisfecho. Las expectativas de que "debe haber alguien mejor" aumentan, y se debilitan las razones para comprometerse con la persona que está frente a ti. Como resultado, se produce un ciclo de indecisión, agotamiento, duda y aburrimiento.


Lo que sucede cuando el amor se convierte en "compra"

El artículo argumenta que las aplicaciones estructuran los encuentros como un "mercado" y tratan las acciones como "transacciones". Nosotros, como seleccionadores, nos convertimos sin darnos cuenta en "compradores". Comparamos candidatos, filtramos por condiciones, buscamos la solución óptima y descartamos si no encaja. Lo que tiende a reforzarse son las señales superficiales como fotos y títulos.


Además, el artículo señala que el sistema de evaluación tiende a reproducir jerarquías existentes (clase, raza, religión, etc.). La popularidad genera más popularidad, la exposición se concentra en personas destacadas y los demás quedan ocultos. Aunque debería ser amor, el ambiente de competencia se intensifica.


La provocación de que "la soledad no es un error, sino una característica"

La conclusión del artículo es contundente. Al reducir las conexiones amorosas a un producto, se debilitan los vínculos sociales y solo se destacan los "logros" individuales. Las aplicaciones priorizan "tus preferencias" y "tu estrategia personal", pero es difícil abordar las causas estructurales de la soledad. Por eso surgen el agotamiento y el cinismo, y la sensación de soledad aumenta: la soledad es una función, no un defecto.


Por supuesto, no todos los encuentros son malos. De hecho, hay personas que encuentran pareja. Sin embargo, en el momento en que el producto se optimiza más para la "continuidad del uso" que para el "éxito amoroso", la felicidad del usuario y las ganancias de la empresa se desalinean. Esa desalineación es el núcleo del problema, ya que afecta la mentalidad y la percepción humana de cada individuo.


Reacciones en redes sociales (resumen de puntos de vista comunes)

Cuando se compartió este artículo, en las redes sociales surgieron reacciones como las siguientes.

  • "Entiendo, un diseño interminable"
    Voces que, basadas en experiencias personales, están de acuerdo con el "deslizamiento infinito", como "las notificaciones me hacen volver" o "de repente las coincidencias se vuelven escasas y parece que te empujan a pagar".

  • "Los usuarios también son culpables"
    Opiniones que hablan desde la perspectiva de la responsabilidad personal, como "seleccionan demasiado", "elevan demasiado sus expectativas" o "no culpen a la aplicación". La misma "presión por la autooptimización" que señala el artículo se refleja irónicamente en esta crítica.

  • "Propuesta de transparencia y regulación de algoritmos"
    Voces que exigen transparencia en la lógica de visualización, las diferencias de exposición por pago y el uso de datos. Se ven influenciadas por la idea de que las plataformas son "distribuidores de recursos (controlan el acceso y la distribución)".

  • "Cansado, regreso a lo offline"
    Movimientos que hablan de rediseñar la forma de encontrar pareja, como "es más rápido con presentaciones" o "las comunidades de intereses son más humanas".

  • "Aun así, me salvó"
    Contrapuntos que afirman que las aplicaciones compensan las limitaciones de la realidad, como "hay pocas oportunidades de conocer a alguien en áreas rurales" o "no tengo tiempo por mi trabajo". Sin negar el planteamiento del artículo, tienden a concluir en la búsqueda de un "equilibrio en el diseño".


Lo interesante de las redes sociales es cómo la misma experiencia puede divergir en "fue conveniente" o "fui explotado". Probablemente, más que la diferencia en las experiencias, el "enfoque de las expectativas" y la "distancia con la aplicación" son los puntos de divergencia.

Entonces, ¿qué deberíamos hacer?

El artículo es principalmente crítico, pero deja algunos consejos prácticos después de leerlo.

  • Cortar el "infinito": decidir de antemano el número de veces, tiempo y propósito
    Cuántos minutos deslizar hoy, con cuántas personas interactuar, cuántas veces al mes salir. Si se deja infinito, es fácil ser absorbido por el diseño.

  • Abandonar la "optimización" y convertirla en una política editorial
    Volver a un criterio editorial de "¿se incrementa el tiempo agradable juntos?" en lugar de buscar la pareja perfecta. Afirmar el satisfice no como "compromiso", sino como "decisión humana".

  • Limitar la aplicación a la entrada de encuentros y trasladar la construcción de relaciones a otro lugar
    Mover pronto el lugar de conversación fuera de la aplicación y tomar distancia del mercado comparativo. Cuanto más tiempo se pase en el mercado, más se tiende a adoptar una perspectiva evaluativa.


Al final, el amor no es algo que se pueda "optimizar" en un producto. La optimización solo funciona para el número de operaciones y el tiempo de permanencia. Por eso, para proteger el amor, es necesario diseñar uno mismo el "momento de parar"—este artículo plantea tal paradoja.



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