El odio, ¿era el "reverso del amor"? La verdadera naturaleza de la irritación es "lo que queremos proteger" - Cómo fortalecer el amor para no dejar que el odio se descontrole.

El odio, ¿era el "reverso del amor"? La verdadera naturaleza de la irritación es "lo que queremos proteger" - Cómo fortalecer el amor para no dejar que el odio se descontrole.

1) La intuición de que "el amor y el odio son opuestos" es peligrosa por esta razón

Tendemos a entender el amor como un sentimiento cálido y el odio como un sentimiento frío. En las redes sociales circulan frases como "lo opuesto al amor es la indiferencia", y la idea de tratar el amor y el odio como una "diferencia de temperatura emocional" se ha convertido en un sentido común cotidiano.


Sin embargo, esta perspectiva tiene una trampa. Si solo alineamos el amor y el odio como emociones, podemos llegar a pensar que "cuando ya no te gusta, se acaba" o "el odio solo puede desaparecer", y en situaciones de conflicto, nos vemos arrastrados a un juego donde "la emoción más fuerte gana". Los incendios y divisiones ocurren no tanto porque la lógica de alguien sea débil, sino porque los amplificadores emocionales están en funcionamiento.


Aquí es donde entra en juego el enfoque de la ética clásica. Considerar el amor no como un "estado de ánimo" sino como una "habilidad". Es decir, el amor es una virtud que se puede fortalecer, y desde esta perspectiva, la forma de tratar el odio también cambia.


2) Considerar el amor como una "virtud": no una emoción, sino un "hábito que se puede fortalecer"

La virtud no es un acto bueno aislado. Es una "tendencia estable" que se forma a través de la repetición. Por ejemplo, el coraje no es la ausencia de miedo. Se desarrolla como la capacidad de mantenerse firme y actuar adecuadamente incluso en situaciones de miedo.


El amor es lo mismo. Aparte de la exaltación de los sentimientos románticos o el entusiasmo, se trata de si uno puede tener el "compromiso de buscar el bien del otro" y la "actitud de involucrarse en el dolor y la alegría del otro" como un hábito. Aquí es donde reside el "amor como virtud".


La bondad de este enfoque radica en trasladar el amor de ser una "emoción que a veces se siente y a veces no" a una "práctica que se puede elegir de nuevo". Las emociones son como el clima. Surgen y desaparecen, y son difíciles de controlar. Pero la virtud es como un músculo. La repetición diaria cambia las elecciones futuras.


3) La base griega: Platón, Aristóteles y la "amistad"

Fue la corriente de la filosofía griega antigua la que acercó el amor a la virtud. Platón enfatizó elementos como la sabiduría, el coraje, la templanza y la justicia como factores que permiten a los humanos vivir bien, mientras que colocó el amor (eros) principalmente en el ámbito del deseo y la fascinación.


Aristóteles dio un paso adelante. Describió la virtud como la capacidad de dirigirse "en el momento adecuado, al objeto adecuado, hacia la persona adecuada, con el propósito adecuado, de la manera adecuada". Lo importante no es solo la "acción visible desde el exterior". Se cuestiona con qué intención y por qué valor se realiza. La amabilidad con miras a recibir algo a cambio no es virtud, aunque parezca igual.


Además, enfatizó el poder que tiene el "amigo" en el cultivo de la virtud. Aquí es donde entra en juego la filia (amistad). Una relación que va más allá de estar juntos porque la situación es conveniente o porque es útil, y que busca mejorar la vida del otro. Se preocupa por el otro como una "extensión de uno mismo" y puede corregirlo sin reservas. Tener a alguien que te diga cosas que no quieres oír fortalece la virtud.


Esta idea de amistad es diferente de los "seguidores", "compañeros" o "círculos" modernos. No es una presión de conformidad cómoda, sino una tensión que apoya el crecimiento mutuo.


4) El giro de Aquino: el odio "reacciona al amor"

El teólogo medieval Tomás de Aquino no afirma que la relación entre el amor y el odio sea "opuesta". Más bien, considera que el odio reacciona al amor. Aquí radica la clave para entender las divisiones modernas.


Las personas aman algo. Familia, amigos, país, creencias, ídolos, sentido de justicia, o incluso autoestima. Cuando una amenaza se cierne sobre eso, el odio surge fácilmente. Es decir, el odio no nace de la nada. Arde precisamente porque hay valores que se quieren proteger. Esto es complicado, pero también es una esperanza. Si se reevalúan los valores que se quieren proteger, también se puede ajustar la dirección del odio.


En el núcleo del amor que Aquino describe, está el concepto de caritas (amor benevolente). No es simplemente buena voluntad, sino un amor que "crea valor" en el otro. No se ama porque el otro sea atractivo, sino que al amar, se trata al otro con cuidado. Como resultado, se cultiva el bien social: amabilidad, consideración, empatía, cuidado.


Lo importante aquí es que si eros (deseo) y filia (amistad) son "amores que reaccionan al valor encontrado", caritas es "amor que otorga valor". Funciona como un amor que sostiene a la comunidad, más allá del amor influenciado por gustos y disgustos.


5) El "odio político" también podría ser una deformación del "amor"

Lo que sugiere el artículo es provocativo. El odio que surge en la política o en problemas sociales: el desprecio hacia políticas específicas, políticos, ideologías, grupos, también podría tener en su raíz algún tipo de amor.


Por ejemplo, "quiero proteger a los débiles", "no quiero permitir la injusticia", "mi país es importante", "me preocupa el futuro de mis hijos". Cuando estos amores se combinan con miedo o ansiedad, el odio se desboca bajo el disfraz de "justicia". Si el placer de condenar supera el trato humano hacia el otro, el objetivo que el amor debería haber defendido (la felicidad de la comunidad) se aleja.


Por eso, fortalecer el amor como virtud no es solo una cuestión de bonitas palabras. No se trata de negar el odio, sino de verbalizar los "valores que se quieren proteger" que alimentan el odio y aumentar las opciones de acción. Protestas pacíficas, diálogo, apoyo, creación de sistemas: se abre un camino para transformar el impulso del odio en cuidado y construcción.


6) Práctica del "amor = virtud" en la era de las redes sociales: no eliminar emociones, sino "organizar elecciones"

Entonces, ¿qué se puede hacer a partir de hoy? Cultivar el amor como virtud no significa suprimir emociones. Más bien, se trata de "no huir de las emociones destructivas y convertirlas en algo manejable". Si se traduce esta práctica para el mundo moderno, se podría expresar de la siguiente manera:

  • Primero, cuando surja la ira o el desagrado, pregúntate "¿qué quiero proteger?"

  • Luego, piensa en "rutas alternativas de acción" que no comprometan el "valor que quieres proteger" (denuncia, propuesta, apoyo, voto, diálogo, tomar distancia, etc.)

  • Haz un esfuerzo por no convertir al otro en un "símbolo" (imagina a la persona como un individuo con rostro, intenta comprender su dolor)

  • Establece relaciones de amistad (no de conformidad, sino relaciones que apoyen el crecimiento. Alguien que te corrija si es necesario)

  • Repite (la virtud no se adquiere de una sola vez. La acumulación de pequeñas elecciones crea el próximo yo)


No se trata de "tener una gran buena voluntad". Más bien, son las pequeñas acciones diarias: detenerse 10 segundos antes de publicar, cambiar la forma de decir las cosas, leer refutaciones, donar a personas en necesidad, esas repeticiones construyen la "base" de una personalidad menos susceptible al odio.


7) Reacciones en redes sociales (supuestas): aquí se dividen las opiniones

Si asumimos que este artículo se difunde, en las redes sociales probablemente se dividirán las reacciones de la siguiente manera. ※ A continuación se reproduce el "ambiente esperado" basado en el contenido del artículo, no es una cita de publicaciones reales.


Empatía y elogios

  • "Eso de que 'el odio es una reacción al amor' me impacta. Es cierto que uno se enoja porque hay algo que quiere proteger".

  • "Ver el amor no como una emoción sino como una 'técnica' es necesario en la actualidad".

  • "Me recordó lo obvio: derrotar al otro no mejora el mundo".


Escepticismo y oposición

  • "No, el odio es odio. Justificarlo en nombre del amor es peligroso".

  • "Es demasiado idealista. Decir 'fortalezcamos el amor' ante la discriminación o violencia real es débil".

  • "Puede convertirse en presión para que las víctimas 'tengan amor'".


Práctico y aplicable

  • "Parece útil para una clase sobre manejo de crisis. Un marco para verbalizar 'el valor detrás de la ira'".

  • "Si se puede suponer 'lo que ama el oponente', la calidad del debate podría cambiar".

  • "Aplica a la familia y el trabajo también. Detrás del desagrado hay 'expectativas'".


Esta división también es saludable. Especialmente la observación de que "puede convertirse en presión para que las víctimas tengan amor" es importante. Cuando se habla del amor como virtud, existe el peligro de que se convierta en un "montaje moral". El punto clave del artículo no es soportar el daño o la injusticia, sino que se trata de una "técnica de elección" para redirigir el impulso del odio hacia el bien de la comunidad, lo que facilita su comprensión.


8) Conclusión: en una era de divisiones, el amor se convierte en "músculo" en lugar de "estado de ánimo"

El amor no es algo que solo se activa cuando uno está de buen humor. Más bien, es en los momentos de mal humor cuando se pone a prueba su verdadero valor. El odio surge porque se valora algo. Sin perder de vista ese "valor que se quiere proteger", sin convertir al otro en un símbolo, se reconecta la acción hacia el cuidado y la empatía.


La ética clásica puede aplicarse a la línea de tiempo moderna. Fortalecer el amor como virtud no es una imposición de amabilidad, sino una técnica realista para traducir el impulso destructivo en "opciones constructivas". Es difícil reducir el odio a cero. Sin embargo, la proporción en la que el odio decide el mundo se puede reducir con la repetición diaria. El amor puede convertirse en un músculo que sostiene a la comunidad, no solo en una emoción.



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