¿Puede la fe proteger a los niños? ― La "capacidad de protección" cuestionada en la religión y el apoyo a padres de acogida y crianza

¿Puede la fe proteger a los niños? ― La "capacidad de protección" cuestionada en la religión y el apoyo a padres de acogida y crianza

¿Puede la fe proteger a los niños? — La "capacidad de protección" cuestionada en la religión y el apoyo a la crianza y acogida

La religión ha tenido el poder de acompañar el sufrimiento humano y apoyar a las personas en situaciones vulnerables. Entre ellas, los niños son los que deben ser más protegidos en cualquier sociedad. Para los niños que han perdido a sus padres, que no reciben suficiente cuidado en sus hogares, o que crecen en medio de violencia, explotación, pobreza, conflictos o discriminación, las comunidades religiosas a menudo han funcionado como "el último recurso".

El artículo "Religion, child fostering and safeguarding" publicado en el periódico paquistaní "Pakistan Observer" discute el papel de la religión en la crianza, protección y recuperación de los niños, comparando cinco religiones principales: el Islam, el Cristianismo, el Judaísmo, el Hinduismo y el Budismo. El enfoque central del artículo es que la religión, en su esencia, no debería ser para controlar a los niños, sino que puede servir como una base ética para proteger su dignidad, apoyar su desarrollo físico y mental, y reintegrar a los niños heridos en la sociedad.

Sin embargo, este tema no se limita a ser una simple historia conmovedora. Aunque la fe puede ser una fuerza para proteger a los niños, las comunidades religiosas que carecen de sistemas, supervisión y responsabilidad pueden, a veces, ocultar abusos, silenciar a las víctimas y proteger a los perpetradores. Por eso, la pregunta que se plantea ahora no es "¿Es importante la religión?", sino "¿Puede transformarse el valor religioso en un sistema que realmente proteja la seguridad de los niños?".


El supuesto común de las cinco grandes religiones: "Los niños deben ser protegidos"

El artículo original enfatiza que las principales religiones comparten una ética común de cuidar, criar y proteger a los niños.

En el Islam, se considera que los niños son confiados por Dios, y la familia y la sociedad tienen la responsabilidad de criarlos y educarlos. La consideración hacia los huérfanos y los niños pobres, la justicia, la responsabilidad y el deber comunitario están profundamente vinculados con la protección de los niños.

En el Cristianismo, el amor, el perdón, el servicio y la consideración hacia los débiles son valores centrales. La disposición a aceptar a los niños y sanar a los heridos es compatible con el apoyo a la crianza, la acogida y la recuperación del trauma.

En el Judaísmo, se enfatizan la familia, la educación, la comunidad y la responsabilidad legal. Existe una perspectiva que considera el crecimiento de los niños no solo como un problema doméstico, sino como una responsabilidad de toda la comunidad.

En el Hinduismo, el dharma, es decir, el deber moral y una vida armoniosa, es importante. El respeto a los mayores, la autodisciplina y la filosofía de la no violencia están relacionados con la formación del carácter de los niños y la estabilidad de su entorno de vida.

En el Budismo, se valoran la compasión, la no violencia, la liberación del sufrimiento, la calma mental y la sabiduría. Para los niños que han experimentado abuso o pérdida, la seguridad, el ajuste emocional y el proceso de verbalizar el sufrimiento son partes importantes de la recuperación.

Estas religiones tienen diferentes teologías y visiones del mundo. Sin embargo, coinciden en la dignidad, protección, educación y recuperación de los niños. Los niños no son seres a los que se debe someter por su inmadurez. Deben ser protegidos precisamente porque son vulnerables y, al mismo tiempo, deben ser respetados como individuos con personalidad y derechos.


"Crianza" y "control" son diferentes

Al considerar la relación entre la religión y los niños, lo más importante es no confundir la crianza con el control.

La crianza implica apoyar a los niños para que crezcan de manera segura, desarrollen sus habilidades, se relacionen con otros y vivan sus propias vidas. Esto incluye alimentación, vivienda, atención médica, educación, amor, juego, descanso y relaciones humanas seguras.

Por otro lado, el control implica imponer los valores de los adultos o las conveniencias de la comunidad a los niños, sin escuchar sus voces, y hacerlos obedecer a través del miedo o la culpa. Aunque se usen palabras religiosas, si se priva a los niños de su libertad o seguridad, eso no es protección.

La crianza basada en la fe tiene el poder de enseñar moralidad y compasión a los niños. Sin embargo, si se les impide cuestionar, buscar ayuda o denunciar abusos, la fe se convierte en un dispositivo de silencio en lugar de una palabra de protección.

Por eso, cuando las comunidades religiosas se relacionan con los niños, es necesario centrarse en "el mejor interés del niño". La vida y la seguridad del niño deben ser priorizadas sobre la fe, la familia, la tradición y el honor de la comunidad.


Las fortalezas de las comunidades religiosas

Las comunidades religiosas tienen el poder de llegar a lugares que la administración y las instituciones especializadas no pueden alcanzar fácilmente.

Los lugares de culto locales, templos, iglesias, mezquitas, sinagogas, monasterios, escuelas religiosas y organizaciones benéficas están conectados cotidianamente con muchas familias. A menudo están en una posición para detectar tempranamente factores que ponen en peligro a los niños, como la pobreza, el aislamiento, la violencia doméstica, la enfermedad de los padres, y la inestabilidad como inmigrantes o refugiados.

Además, las palabras de los líderes religiosos pueden influir en el comportamiento familiar y los valores comunitarios. No justificar el castigo corporal, escuchar las voces de los niños, no discriminar a las niñas, no excluir a los niños con discapacidades, y apoyar a los huérfanos y niños acogidos en la comunidad. Estos mensajes, cuando se transmiten a través de la autoridad religiosa, pueden tener el poder de cambiar las normas sociales.

En Kenia, los principales líderes religiosos firmaron una declaración para proteger la seguridad de los niños y publicaron un manual de protección infantil basado en la fe. Este es un ejemplo que muestra el potencial de la religión para vincularse no solo con ideales, sino con políticas de protección concretas, prácticas, educación y sistemas de denuncia.

Las comunidades de fe no solo pueden hablar de amor y compasión, sino también convertirse en centros de apoyo concreto, como educación para cuidadores, apoyo a familias de acogida, comedores infantiles, centros de consulta, refugios de emergencia, atención psicológica y puentes hacia el apoyo legal.


Expectativas y desconfianza visibles en las redes sociales

 

Las reacciones en las redes sociales sobre este tema se dividen en dos grandes grupos.

Uno es la voz que espera de las comunidades religiosas. La opinión es que la seguridad de los niños no puede ser solo responsabilidad de la administración, sino que las familias, las escuelas, las comunidades y las organizaciones religiosas deben cooperar. Los lugares de fe tienen conexiones intergeneracionales y el poder de encontrar y apoyar a padres e hijos aislados. Se debe aprovechar el espíritu de compasión y servicio inherente a los valores religiosos en la prevención del abuso y el apoyo a la acogida.

De hecho, en las redes sociales, se observan reacciones sobre investigaciones y esfuerzos en torno a la seguridad de los niños en las comunidades de fe, con comentarios como "No estamos en contra de la religión, sino que se trata de poner a los niños primero". Esto refleja una postura que no niega la religión en sí, sino que rechaza que la protección de los niños se posponga en nombre de la religión.

El otro es una fuerte desconfianza hacia las instalaciones religiosas y las comunidades de fe. En las redes sociales, basándose en la historia de abusos y encubrimientos en espacios religiosos, persiste la pregunta "¿Es seguro dejar la seguridad de los niños en manos de las organizaciones religiosas?". Especialmente en entornos donde los niños tienen dificultades para oponerse a la autoridad de los adultos, en comunidades cerradas y lugares donde la supervisión externa es difícil, existe la crítica de que la fe no garantiza la seguridad.

Esta desconfianza no debe ser descartada como un prejuicio contra la religión. Más bien, está respaldada por las experiencias de personas que no fueron creídas cuando denunciaron abusos, que perdieron su voz ante la autoridad religiosa, o que fueron obligadas a guardar silencio por el honor de la comunidad.

Por lo tanto, si las comunidades religiosas se involucran en la protección infantil, lo primero que se necesita no es la autoexplicación de "lo hacemos con buenas intenciones". Lo necesario son reglas verificables externamente, sistemas de denuncia, capacitación, registros, colaboración con organismos externos, y una actitud de proteger a los niños que denuncian sin dudar de ellos.


No es "seguro porque hay fe", sino "seguro porque hay un sistema"

El artículo original señala que los valores religiosos por sí solos no son suficientes, y que se necesitan leyes, sistemas, educación y la participación de la comunidad. Este punto es extremadamente importante.

No importa cuán bellas sean las doctrinas, si no se verifica la identidad de los adultos que interactúan con los niños, no hay capacitación para detectar signos de abuso, no hay centros de consulta, las personas que denuncian no están protegidas, y las personas sospechosas de abuso continúan interactuando con los niños. En tal estado, los valores religiosos no protegen a los niños.

Lo necesario es traducir las palabras de fe en sistemas.

Por ejemplo, el valor de la compasión puede transformarse en una respuesta que no culpe a los niños que denuncian abusos. El valor de la no violencia puede llevar a la prohibición del castigo corporal y a la revisión de las reprimendas emocionales. El valor de la responsabilidad comunitaria puede transformarse en apoyo de visitas a familias aisladas y apoyo continuo a familias de acogida. El valor del perdón no debe usarse para perdonar vagamente a los perpetradores, sino para proteger el derecho de las víctimas a recuperarse.

El poder de la religión se convierte en una fuerza real para proteger a los niños solo cuando se vincula con sistemas.


Consideraciones religiosas en el apoyo a la crianza y acogida

Para los niños que no pueden vivir con sus padres, la crianza y el cuidado alternativo son entornos importantes que forman la base de su vida. Aquí, la religión se vuelve importante en dos sentidos.

Primero, es necesario respetar el origen, la cultura, la fe, el idioma y la conexión familiar del niño. Que un niño crezca sin que se niegue su trasfondo está relacionado con la estabilidad de su identidad. Según el enfoque de la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, los niños que no pueden vivir en sus hogares deben ser criados adecuadamente mientras se respetan su religión, cultura e idioma.

En segundo lugar, es necesario asegurarse de que la fe de los padres de acogida o cuidadores no entre en conflicto con la seguridad o libertad del niño. El hecho de que los cuidadores tengan fe no es un problema en sí mismo. De hecho, el sentido de responsabilidad y el espíritu de servicio basados en la fe pueden llevar a una crianza cálida.

Sin embargo, si no se reconoce la elección de fe del niño, se le obliga a practicar una religión específica, se le niega por su orientación sexual, identidad de género, discapacidad, origen o género, o se le limita el acceso a la atención médica y la educación, eso va en contra del mejor interés del niño.

Lo importante en el apoyo a la crianza es respetar la fe de los cuidadores mientras se priorizan los derechos del niño.


La recuperación requiere "cuerpo, mente y dignidad"

Para los niños que han experimentado abuso, negligencia, explotación, desintegración familiar, guerra, migración o discriminación, no es suficiente solo un lugar de protección. La recuperación requiere seguridad física, tranquilidad psicológica, restauración de la dignidad y conexión con la sociedad.

La religión puede tener poder en este proceso de recuperación. La oración, la meditación, el apoyo comunitario, los rituales, las historias y las palabras de esperanza pueden ayudar a los niños heridos a sentir que "no han sido abandonados".

Sin embargo, aquí también se requiere precaución. El aliento religioso no debe minimizar la realidad del abuso ni convertirse en una presión con frases como "perdona", "olvida" o "sufres porque no tienes suficiente fe". La recuperación del trauma requiere apoyo psicológico profesional, atención médica, apoyo legal y un entorno de vida seguro.

El cuidado religioso debe considerarse como una capa de apoyo para los niños, no como un sustituto del apoyo profesional.


Condiciones necesarias para una comunidad religiosa que protege a los niños

Para que una comunidad religiosa proteja seriamente a los niños, se necesitan al menos las siguientes condiciones.

Primero, formalizar los derechos de los niños. Los niños no son simplemente seres que deben obedecer a los adultos, sino que tienen derecho a la seguridad, educación, atención médica, expresión de opiniones, privacidad, libertad de religión y protección contra la violencia.

Segundo, hacer obligatoria la capacitación para los adultos que interactúan con los niños. Necesitan aprender sobre los signos de abuso, el grooming, el control psicológico, la explotación sexual, los daños en línea, los efectos negativos del castigo corporal y la obligación de denunciar.

Tercero, proporcionar múltiples rutas de denuncia y consulta. Si los niños no pueden consultar a los líderes religiosos, deben poder conectarse con personal femenino, consultores externos, escuelas, administraciones, policías y agencias de protección infantil.

Cuarto, no manejar las sospechas de abuso internamente. No se debe retrasar la verificación de hechos ni pedir silencio a las víctimas para proteger la reputación de la comunidad. La colaboración con organismos externos es indispensable para proteger la seguridad de los niños.

Quinto, proteger a los niños que denuncian abusos. Dudar, culpar, excluirlos de la comunidad o presionar a sus familias genera un daño secundario.

Sexto, no usar los valores religiosos para justificar la violencia. Palabras como disciplina, honor, obediencia, pureza, tradición y autoridad familiar pueden ocultar el sufrimiento de los niños. Independientemente de la cultura o fe, la violencia, explotación y negligencia hacia los niños no pueden justificarse.


Lo que se cuestiona ahora es la "seriedad de la religión"

En el mundo actual, muchos niños todavía enfrentan violencia, abuso, explotación, conflictos, vida de refugiados, daños en línea y aislamiento familiar. La OMS estima que hasta mil millones de niños en todo el mundo experimentan violencia física, sexual o emocional o negligencia cada año. La violencia contra los niños tiene efectos a largo plazo en su salud física y mental, aprendizaje, relaciones futuras y participación social.

Ante esta realidad, ¿qué hará la religión?##HTML_TAG_