Los niños no pueden decir "me siento mal". Las señales de advertencia emocional que los padres pueden pasar por alto.

Los niños no pueden decir "me siento mal". Las señales de advertencia emocional que los padres pueden pasar por alto.

¿"Solo una fase de rebeldía" o "una señal de auxilio"? Cómo no pasar por alto el malestar mental de los niños

El niño de repente se queda en silencio.
Pasa más tiempo encerrado en su habitación.
Pierde interés en el fútbol, el arte, los videojuegos, la música o jugar con amigos, que antes le gustaban.

Los padres se sienten confundidos.

"¿Es parte del crecimiento?"
"¿Es inevitable por la adolescencia?"
"¿Solo pasó algo malo en la escuela?"
"¿O es el comienzo de una enfermedad mental?"

Un artículo del diario alemán WELT se centra precisamente en esta preocupación. En la parte pública del artículo, se describe la situación en la que los padres dudan si deben ver los cambios como "solo una fase difícil" o como "señales de advertencia" cuando los niños de repente se quedan en silencio, se aíslan o evitan los pasatiempos que solían disfrutar. El artículo aborda cómo comienzan a manifestarse los trastornos mentales en los niños, basándose en la opinión de psiquiatras infantiles.

Lo importante es no concluir que un solo comportamiento indica una "enfermedad". Los niños tienen altibajos emocionales. Hay momentos en que no quieren hablar con sus padres. Las relaciones de amistad pueden cambiar, al igual que los intereses.

Sin embargo, si los cambios son "repentinos", "prolongados" y "afectan la vida diaria", no deberían descartarse como un simple proceso de crecimiento.


El malestar de los niños no se manifiesta igual que en los adultos

Un adulto puede verbalizar que se siente "deprimido", "ansioso", "incapaz de dormir" o que "nada le divierte". Aunque también es difícil para los adultos, al menos tienen el vocabulario para describir su mundo interior.

Por otro lado, los niños a menudo no pueden expresar bien su estado.
En lugar de decir "estoy triste", pueden decir "me duele el estómago".
En lugar de "estoy ansioso", pueden decir "no quiero ir a la escuela".
En lugar de "estoy cansado", pueden mostrarlo con "enojo", "llanto" o "silencio".
En lugar de "ayúdame", pueden decir "déjame en paz".

Es decir, el malestar mental de los niños tiende a manifestarse más como cambios de comportamiento que como expresiones emocionales.

Los padres deben observar no solo una acción aislada, sino "las diferencias con respecto a antes".

Antes disfrutaba jugar con amigos, pero ahora rechaza las invitaciones.
Antes le gustaba dibujar, pero ahora no toca sus herramientas.
Antes hablaba mucho en casa, pero ahora sus respuestas son extremadamente breves.
Antes se levantaba fácilmente por la mañana, pero ahora se queja de dolores de cabeza o estómago antes de ir a la escuela.
Antes se reía de cosas triviales, pero ahora su expresión es pobre.

Estos cambios pueden ser señales de que el niño está lidiando con algo internamente.


Cinco señales que se pasan por alto fácilmente

Hay señales a las que se debe prestar especial atención al considerar el malestar mental de los niños.

Primero,el silencio o la disminución de la conversación.
Por supuesto, los niños no siempre cuentan todo a sus padres. Es natural que quieran mantener cierta distancia durante la adolescencia. Sin embargo, si de repente casi no hablan, si sus respuestas son extremadamente escasas o si parece que su presencia en el hogar ha desaparecido de repente, es necesario prestar atención. El silencio puede ser una expresión de agotamiento o ansiedad, no de rebeldía.

Segundo,el aislamiento social.
No quieren ver a sus amigos, evitan eventos escolares, no se presentan a las comidas familiares, pasan menos tiempo fuera de su habitación. Estas acciones pueden estar relacionadas con el acoso, la ansiedad intensa, la depresión o una baja autoestima. Especialmente si un niño que solía ser sociable de repente se aísla, los adultos a su alrededor deben notar el cambio.

Tercero,la disminución del interés en actividades que solían disfrutar.
Los niños pueden aburrirse. Pueden querer cambiar de actividad. Por lo tanto, el cambio en los pasatiempos en sí no es el problema. El problema es cuando hay una disminución general en lo que disfrutan. Si ya no reaccionan a cosas que antes les alegraban, como deportes, juegos, música, lectura o conversaciones con amigos, podría ser una señal de que su energía mental está disminuyendo.

Cuarto,el malestar que se manifiesta como síntomas físicos.
Dolores de cabeza, dolores de estómago, náuseas, fatiga, problemas de sueño, cambios en el apetito. Incluso si los exámenes no revelan anomalías significativas, no se debe descartar como "imaginación". La ansiedad o tensión de los niños puede manifestarse como síntomas físicos. Especialmente si los síntomas se intensifican antes de ir a la escuela, en ciertos días de la semana o antes de ciertas actividades, es importante examinar cuidadosamente la relación con el entorno de vida.

Quinto,la irritabilidad o la falta de calma.
La ansiedad o depresión en los niños no siempre se manifiesta como la "tristeza silenciosa" que los adultos pueden imaginar. Puede aparecer como irritabilidad, rebeldía, berrinches, dificultad para concentrarse o comportamiento impulsivo. Por lo tanto, es fácil que los demás lo malinterpreten como "capricho", "pereza" o "mala actitud". Sin embargo, si detrás de ese comportamiento hay ansiedad o soledad, solo reprenderlos puede empeorar la situación.


La clave para juzgar es "duración" e "impacto en la vida"

Entonces, ¿dónde deben los padres trazar la línea?

Lo importante es "cuánto tiempo ha durado ese estado" y "cuánto impacta en la vida diaria".

Cualquiera puede sentirse deprimido durante unos días. Algo malo sucedió en la escuela, hubo una pelea con un amigo, un examen salió mal, hay acumulación de fatiga. Si es un cambio temporal, a menudo se recupera con descanso o una conversación reconfortante.

Sin embargo, si el cambio de comportamiento persiste durante semanas o meses y afecta el hogar, la escuela, las relaciones con amigos, el juego, el sueño o la alimentación, es mejor considerar consultar a un especialista.

"Solo observar" no es lo mismo que "no hacer nada".
Observar significa registrar los cambios, hablar con el niño y estar preparado para colaborar con la escuela o instituciones médicas.


En las redes sociales también se escuchan voces de "lo pasé por alto"

 

En las redes sociales, se observan diversas reacciones de padres y personas de apoyo ante publicaciones sobre la salud mental de los niños.

Una observación común es que "los niños no piden ayuda claramente". En plataformas como Instagram, se comparten publicaciones que explican que el malestar de los niños puede manifestarse como silencio, aislamiento, trastornos del sueño, dificultades escolares o cambios de humor, y se comparte el mensaje de que lo importante es "estar presente", "escuchar" y "no negar sus emociones".

En X, también, organizaciones de apoyo y cuentas relacionadas con la salud mental mencionan el alejamiento de amigos o actividades, la tristeza o irritabilidad prolongada, los cambios en el sueño o el apetito y la ansiedad como señales tempranas. En las reacciones a las publicaciones, destacan comentarios como "me hubiera gustado saberlo antes", "pensé que era solo una fase de rebeldía" o "debería haber visto más allá de las palabras 'no quiero ir a la escuela'".

Por otro lado, también hay opiniones cautelosas en las redes sociales.
"No es bueno relacionar todo con un diagnóstico".
"No traten la individualidad o el mal humor temporal de los niños como una enfermedad".
"Si los padres se preocupan demasiado, eso también se transmite a los niños".
Estas opiniones también son importantes.

De hecho, ver todos los cambios de comportamiento en los niños como señales de trastornos mentales es peligroso. Lo importante no es apresurarse a poner un diagnóstico, sino identificar los problemas del niño lo antes posible.

Lo que se observa en las reacciones en las redes sociales es un equilibrio en dos aspectos.
Uno es no pasar por alto nada.
El otro es no apresurarse a sacar conclusiones.


Lo primero que pueden hacer los padres no es "interrogar"

Cuando notan un cambio en su hijo, los padres se preocupan.
"¿Qué pasó?"
"¿Por qué no hablas?"
"¿Te hicieron algo en la escuela?"
"¿Es porque estás mirando demasiado el teléfono?"
Quieren preguntar eso.

Sin embargo, para el niño, eso puede sentirse como un interrogatorio. Especialmente si el niño ya está emocionalmente vulnerable, incluso la preocupación de los padres puede percibirse como presión.

Lo primero que se necesita no es obtener respuestas correctas, sino crear un ambiente seguro.

"Últimamente pareces un poco cansado".
"Si quieres hablar, estoy aquí para escuchar".
"No es para enojarme, estoy preocupado".
"No tienes que contarme todo ahora mismo".
"Quiero pensar juntos".

Estas palabras dejan una vía de escape para el niño. Para abrir su corazón, el niño necesita sentir que "no será culpado por hablar".


La colaboración con la escuela debe hacerse sin presionar al niño

Los cambios en el niño pueden no ser visibles solo en casa. Puede que sea callado en casa pero actúe alegre en la escuela. O al revés, puede parecer normal en casa pero estar aislado en la escuela.

Obtener información de adultos que observan al niño, como el maestro, el enfermero escolar, el consejero escolar o el entrenador de actividades extracurriculares, puede ser útil. Sin embargo, al hacerlo, es importante asegurarse de que el niño no sienta que "lo están delatando" o "lo están vigilando".

Si es posible, es bueno decirle al niño:

"Quiero consultar con tu maestro para saber un poco sobre cómo te va en la escuela".

"No es para culparte, sino para encontrar formas de que te sientas mejor".

Es importante que los adultos se conecten de una manera que no pierda la confianza del niño.


Consultar a un especialista no es solo para casos graves

No son pocas las familias que sienten resistencia ante palabras como psiquiatría, psicología clínica, psiquiatría infantil, psicólogo o consejero.
"¿Es tan grave?"
"¿Qué pasa si le ponen un diagnóstico?"
"¿Le recetarán medicamentos?"
"¿Qué pasa si se entera la gente?"
Estas preocupaciones son naturales.

Sin embargo, consultar a un especialista no necesariamente significa recibir un diagnóstico grave. De hecho, cuanto antes se consulte, más posibilidades hay de mejorar mediante ajustes en el entorno, cambios en la forma en que la familia interactúa y colaboración con la escuela.

En la consulta, se evalúan de manera integral el historial de desarrollo del niño, su comportamiento en el hogar, en la escuela, sus relaciones con amigos, sueño, alimentación, síntomas físicos y factores de estrés. También puede haber entrevistas y observaciones del niño. Lo importante es organizar juntos "qué le está causando problemas a este niño".

El objetivo no es poner un diagnóstico.
El objetivo es encontrar qué puede ayudar al niño a recuperar su vida diaria.


Ante señales peligrosas, busca ayuda sin dudar

Muchos cambios pueden observarse con el tiempo y buscar un lugar de consulta. Sin embargo, hay señales que requieren atención urgente.

Hay conductas de autolesión.
Hablan de querer morir, desaparecer o no existir.
Investigan sobre el suicidio.
De repente regalan cosas importantes.
Muestran apatía extrema y falta de respuesta.
Aumenta la violencia o el comportamiento peligroso.
La alimentación o el sueño se desmoronan gravemente, afectando la vida diaria.

En tales casos, no se debe esperar, sino conectar de inmediato con instituciones médicas, servicios de consulta locales, la escuela o servicios de emergencia.

Incluso si el niño pide "no lo digas", si está en juego la vida o la seguridad, los adultos deben actuar. Proteger la confianza es importante, pero proteger la vida es aún más prioritario.


"Aumentar la seguridad" en lugar de "volver a la normalidad"

Los padres tienden a querer que su hijo vuelva a su estado anterior.
Quieren que vuelva a ir a la escuela como antes.
Quieren que vuelva a reír como antes.
Quieren que vuelva a jugar con amigos como antes.
Quieren que vuelva a esforzarse como antes.

Pero cuando un niño está sufriendo, lo que se necesita no es "volver rápidamente a la normalidad", sino "aumentar los lugares donde se sienta seguro".

Si no puede levantarse por la mañana, primero observa su estado de sueño.
Si la escuela es difícil, divide qué es lo que le resulta pesado.
Si las relaciones con amigos son dolorosas, no lo obligues a volver al grupo.
Si dejó un pasatiempo, no lo culpes