【Pago con reconocimiento facial】Hacia una era en la que el "rostro" se convierte en billetera - Los "riesgos imborrables" que acechan en el futuro de comprar una taza de café con reconocimiento facial

【Pago con reconocimiento facial】Hacia una era en la que el "rostro" se convierte en billetera - Los "riesgos imborrables" que acechan en el futuro de comprar una taza de café con reconocimiento facial

No hay problema si olvidas tu billetera o si tu smartphone se queda sin batería.

Te paras en la caja del café, miras a la cámara o extiendes la palma de tu mano frente al terminal. Con eso, la verificación de identidad se completa, se paga el café y automáticamente se te otorgan los puntos del establecimiento.

Este tipo de compras, que parecen sacadas de una película de ciencia ficción, están a punto de hacerse realidad.

En Australia, el gigante de los terminales de pago Verifone ha anunciado el lanzamiento de su terminal de próxima generación "Victa", que admite reconocimiento facial y de venas de la palma. La función de autenticación biométrica es opcional, y también se puede optar por el pago con tarjeta, smartphone o PIN como de costumbre. Los usuarios interesados deben registrarse previamente a través de comercios afiliados, bancos o billeteras digitales, y verificar su identidad mostrando su rostro o palma en el punto de venta.

A primera vista, esto parece una evolución natural de los pagos sin efectivo.

Sin embargo, detrás de esta conveniencia, surgen problemas de una naturaleza diferente a los pagos con tarjeta de crédito o smartphone.

"El número de tarjeta se puede cambiar. Pero no puedes cambiar tu rostro".

Este es precisamente el principal punto de discusión en torno a los pagos biométricos.


El "pago manos libres definitivo" sin sacar tarjetas ni smartphones

Victa incorpora funciones para leer rostros y reconocer venas de la palma, permitiendo verificar que el usuario registrado es quien dice ser mediante información biométrica.

Lo que Verifone imagina no es simplemente reemplazar la tarjeta por el rostro.

Por ejemplo, al hacer compras en el supermercado, actualmente se requiere abrir una aplicación de puntos, mostrar el carnet de socio y luego tocar con el smartphone o la tarjeta, lo que implica varias acciones.

Si la autenticación biométrica se vincula con la información de membresía y pago, al reconocer al usuario se puede procesar simultáneamente el check-in al programa de puntos y el pago. Victa no solo está pensado para pagos, sino también para programas de lealtad, pedidos y verificación de edad.

Para las tiendas, la atracción no es solo "poder cobrar unos segundos más rápido".

Si pueden identificar suavemente quién es el cliente que entra, no será necesario preguntar por el número de socio o la dirección de correo electrónico. Existe la posibilidad de integrar pagos y gestión de clientes, ofreciendo beneficios a clientes habituales y servicios vinculados al historial de compras.

En otras palabras, el terminal biométrico puede ser tanto una "nueva billetera" como una nueva puerta de entrada a la identificación digital que conecta tiendas y personas.

Aquí es donde se encuentra la línea entre conveniencia y privacidad.

"No es suficiente con no guardar fotos"

Verifone explica que el uso de biometría es opcional y que los perfiles biométricos registrados son gestionados por los proveedores de servicios como comercios afiliados, bancos o billeteras digitales. Victa también destaca medidas de seguridad como la encriptación y tokenización.

Lo importante es que "guardar fotos faciales tal cual" y "no guardar información biométrica" no son necesariamente lo mismo.

En el reconocimiento facial, generalmente se crea una plantilla biométrica que cuantifica las características faciales y se compara con la plantilla registrada. La Oficina del Comisionado de Información de Australia (OAIC) también describe el reconocimiento facial como un sistema que extrae características de imágenes faciales para crear y comparar plantillas biométricas.

Esta plantilla no es la foto original en sí.

Sin embargo, sigue siendo información crucial para identificar a la persona.

Si se filtra un número de tarjeta de crédito, se puede desactivar y emitir uno nuevo. Si se filtra una contraseña, se puede cambiar.

Pero no se puede "cambiar" la estructura ósea del rostro, las huellas dactilares o el patrón de venas por uno nuevo.

Por eso, en la biometría no solo se debe considerar "que no se filtre", sino también diseñar para que, en caso de filtración de datos de autenticación, se pueda invalidar la plantilla y reconstruir como nueva información de autenticación.


En las redes sociales, "miedo" supera a "futurista"

Entonces, ¿los consumidores están dando la bienvenida a este futuro?

 

A juzgar por las publicaciones públicas en redes sociales que se pudieron verificar, al menos en Reddit, justo después de que se informara sobre la introducción de Victa en Nueva Zelanda, no se percibe un entusiasmo generalizado.

Además de publicaciones que dicen "seguiré usando tarjetas", "¿por qué necesitamos esto?" o "prefiero el efectivo", también hubo fuertes reacciones de rechazo calificándolo de "distópico". Se expresaron dudas sobre la precisión del reconocimiento, como si podría distinguir correctamente a gemelos, y comentarios en tono de broma sobre errores de reconocimiento facial. Aunque esto no es una encuesta de opinión, sí proporciona una idea de la resistencia psicológica hacia nuevas tecnologías.

Por otro lado, en redes sociales cercanas a la industria de pagos y FinTech, el tono es un poco diferente.

En LinkedIn, por ejemplo, se evalúa la biometría como una tecnología que parece sacada de la ciencia ficción hecha realidad, pero se señala que, al final, lo que determinará su adopción es la confianza del consumidor, no el rendimiento técnico. Aunque se valora la conveniencia, también se expresan preocupaciones sobre "qué estamos sacrificando a cambio".

Lo interesante aquí es que muchos de los opositores no rechazan "la biometría en sí misma".

El reconocimiento facial o de huellas dactilares en smartphones ya es usado cotidianamente por muchas personas.

Sin embargo, cuando se trata de mirar a una cámara en una tienda, la resistencia psicológica se intensifica repentinamente.

La diferencia radica probablemente en la percepción de "quién gestiona mi información biométrica".


Japón ya es un país donde se paga "con la cara"

Desde la perspectiva de Japón, no es preciso considerar lo que sucede en Australia como un experimento de un futuro lejano.

En la Expo Osaka-Kansai 2025, se introdujo el pago con reconocimiento facial vinculado a la moneda electrónica "Myakupe!". La organización oficial de la Expo promovió la conveniencia de los pagos manos libres, desplegando el sistema de pago electrónico con reconocimiento facial a una escala sin precedentes en el país.

Además, la adopción del pago sin efectivo en Japón está avanzando rápidamente.

Según el Ministerio de Economía, Comercio e Industria, la tasa de pagos sin efectivo en 2025 fue del 58.0%, con un monto de transacciones de 162.7 billones de yenes. Incluso en Japón, que solía ser llamado una "sociedad del efectivo", más de la mitad de los pagos ahora son sin efectivo.

Del efectivo a la tarjeta de crédito.

De la tarjeta al smartphone.

Y del smartphone a la información biométrica.

Dado este flujo, no sería sorprendente que los pagos con rostro o palma se extiendan a las tiendas de conveniencia, supermercados y cadenas de restaurantes en Japón.

De hecho, en Japón, esto también se adapta bien al envejecimiento de la población y la escasez de mano de obra.

Si se reduce la operación de caja y no es necesario recordar números de socio o contraseñas para verificar la identidad, hay beneficios tanto para los usuarios como para las tiendas. Para aquellos no familiarizados con el uso de smartphones, un sistema que complete el pago simplemente mirando al terminal podría ser incluso más fácil que el pago con código QR.

El problema es bajo qué condiciones aceptamos esta conveniencia.


¿Cómo se manejarán los datos faciales y de venas en Japón?

La Comisión de Protección de Información Personal de Japón ha indicado que los códigos convertidos a un nivel que permite identificar a individuos específicos mediante la comparación de información biométrica registrada como rasgos faciales, ADN y huellas dactilares, se consideran "códigos de identificación personal". Los datos transformados en una forma utilizable para la identificación personal, como características faciales o venas de los dedos, no son meramente datos anónimos.

Aquí, los consumidores japoneses deben verificar no solo si "se almacenan fotos faciales".

¿Quién posee la plantilla de autenticación?

¿Por cuántos años se almacenará?

¿Se eliminará completamente al darse de baja?

¿No se usará para propósitos distintos al pago?

¿Existe la posibilidad de que se vincule con servicios de otras empresas?

Sin una explicación sobre estos puntos, no se puede considerar un consentimiento significativo.

Lo que determinará la adopción del pago con reconocimiento facial es, más que la precisión de la cámara, la capacidad de las empresas para explicar claramente estos aspectos.


En Australia ya hay una mirada crítica hacia el reconocimiento facial

Otra razón por la que este movimiento es interesante es que en Australia, el uso del reconocimiento facial por parte del comercio minorista ya se ha convertido en un gran problema de privacidad.

La OAIC trata las imágenes faciales y las plantillas biométricas utilizadas para la verificación de identidad y la identificación automática como información que requiere alta protección bajo la Ley de Privacidad. Además, exige a las empresas que introducen el reconocimiento facial en espacios comerciales que consideren cuidadosamente la legalidad, necesidad, proporcionalidad e impacto en la privacidad antes de implementarlo.

En el pasado, la autoridad de privacidad señaló problemas en un caso donde 7-Eleven en Australia recopilaba imágenes faciales a través de terminales de encuestas para clientes.

Por eso, en el caso de Victa, se ha enfatizado fuertemente que la participación es voluntaria.

Sin embargo, el hecho de que sea opcional no siempre es suficiente.

Por ejemplo, si solo los usuarios que eligen el reconocimiento facial reciben más puntos, o si no elegir el reconocimiento facial resulta en tiempos de espera más largos en la caja, podría crearse una situación donde, aunque formalmente sea opcional, en la práctica se fomente su uso.

Es importante que realmente se mantenga la "libertad de no usarlo".


El mayor cambio no es "pagar", sino "ser reconocido"

El verdadero impacto del pago con reconocimiento facial puede no ser el hecho de no tener que llevar una billetera.

Hasta ahora, para que una tienda identificara a un cliente, era necesario que el cliente presentara una tarjeta de puntos o abriera una aplicación.

Es decir, el cliente activamente decía "soy miembro".

Si el reconocimiento facial se convierte en la norma, este orden se invierte.

La tienda podrá reconocer al usuario y luego ofrecer servicios.

Por ejemplo, se puede imaginar técnicamente un mundo donde, al acercarse a la caja, se llame la información de membresía y se muestren cupones basados en el historial de compras pasado.

Es extremadamente conveniente, si se le llama así.

Por otro lado, la sensación actual de poder decidir cuándo se es identificado se desvanecerá.

En el momento en que la tecnología de pago se une con la tecnología de marketing, la biometría deja de ser solo un medio de pago.

Por eso es crucial establecer líneas claras, como "la información registrada para la autenticación de pagos no se utilizará para analizar el comportamiento dentro de la tienda".


Cinco condiciones necesarias para su adopción en Japón

Si el pago con reconocimiento facial y de venas de la palma se va a adoptar ampliamente en Japón, al menos se necesitarán las siguientes condiciones.

Primero, que sea un opt-in claro.

Es crucial que los usuarios que no se registren no sufran desventajas y que siempre puedan elegir otros métodos de pago como efectivo, tarjeta o smartphone.

Segundo, que se muestren claramente los administradores de datos.

¿Es el fabricante del terminal, el minorista, el banco o la empresa de servicios de pago? Los consumidores deben poder entenderlo de un vistazo.

Tercero, que el proceso de eliminación sea sencillo.

Si el registro toma solo unos segundos en un smartphone, pero para eliminarlo se requiere presentar un documento, no se puede decir que el usuario tenga un control real.

Cuarto, que no se permita el uso para otros fines por defecto.

Si se desea utilizar la información facial para publicidad, análisis de visitas o vigilancia, se debe solicitar un consentimiento claro separado del pago.

Quinto, que se pueda comprar incluso si falla la biometría.

Las fallas del equipo, cambios de apariencia, lesiones o errores de reconocimiento son inevitables. Cuanto más se convierta la biometría en una infraestructura de vida, más importante será dejar métodos alternativos.


No se trata de "usar la cara", sino de "en quién confiar"

El pago con reconocimiento biométrico probablemente se volverá cada