¿Por qué son buenas las verduras para el cuerpo? La respuesta estaba oculta en la "microbiota intestinal".

¿Por qué son buenas las verduras para el cuerpo? La respuesta estaba oculta en la "microbiota intestinal".

El "laboratorio químico intestinal" que produce efectos saludables de las verduras: ¿Qué es la nueva sustancia DNIC producida por las bacterias intestinales?

"Come verduras".

Esta frase, que hemos escuchado muchas veces desde la infancia, tiene, por supuesto, una base científica. Numerosos estudios han informado que una dieta rica en verduras se asocia con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

Generalmente, se considera que las vitaminas, minerales, fibras y polifenoles presentes en las verduras son los principales responsables de sus efectos saludables.

Sin embargo, recientemente se ha añadido un nuevo protagonista a esta explicación.

Ese protagonista es la "microbiota intestinal".

En agosto de 2026, un equipo de investigación liderado por el Instituto Karolinska informó en la revista científica "Cell" que las bacterias intestinales utilizan nitratos y hierro presentes en la dieta para producir una sustancia bioactiva llamada "complejos de hierro dinitrosilo (Dinitrosyl Iron Complexes: DNICs)".

Esta DNIC no es una sustancia que actúe solo en el intestino.

Después de ser absorbida por el intestino, se transporta a tejidos de todo el cuerpo, como el hígado y los riñones, y podría influir en la presión arterial, el azúcar en sangre, los vasos sanguíneos y el metabolismo de las grasas.

En otras palabras, las verduras que consumimos no solo se utilizan como nutrientes.

Algunos de sus componentes podrían ser "transformados químicamente" por las bacterias intestinales, convirtiéndose en otras sustancias bioactivas que no estaban presentes en el alimento original.


Nitratos abundantes en remolachas y verduras de hoja

Uno de los materiales importantes en este estudio fue el nitrato.

El nitrato es una sustancia ampliamente presente en la naturaleza, especialmente abundante en verduras como remolachas, espinacas, rúcula y lechuga.

Otro componente necesario es el "hierro no hemo".

Aunque muchas personas asocian el hierro con la carne, los alimentos de origen vegetal como las legumbres, los granos enteros y las verduras verdes también contienen hierro.

La mayor parte del hierro presente en las plantas es del tipo conocido como hierro no hemo.

El equipo de investigación se centró en lo que ocurre cuando el "nitrato" y el "hierro no hemo" se encuentran en el intestino.

Fue entonces cuando surgió el DNIC.

Las bacterias intestinales no solo descomponen los restos de comida.

Realizan diversas reacciones químicas utilizando los componentes que ingerimos, produciendo sustancias diferentes a las que las células humanas pueden crear directamente.

El descubrimiento actual es significativo porque identifica una de las funciones del "laboratorio químico" que es la microbiota intestinal en términos de moléculas específicas.


Sin bacterias intestinales, no se produciría DNIC

El equipo de investigación utilizó ratones, células, bacterias y muestras de origen humano para investigar dónde y cómo se produce el DNIC.

Particularmente importante fue la comparación entre ratones con microbiota intestinal normal y ratones "germ-free" que carecen de microbiota intestinal.

En los ratones normales, se detectó DNIC en varios tejidos.

Sin embargo, en los ratones germ-free, no se detectó DNIC.

Esto sugiere que no es suficiente que los nitratos y el hierro ingresen al cuerpo a través de la dieta; las bacterias intestinales son probablemente esenciales para convertirlos en DNIC.

Hasta ahora, la investigación nutricional se ha centrado en

"qué nutrientes y en qué cantidad consumir".

Sin embargo, con el avance de la investigación sobre la microbiota intestinal, se está añadiendo otra pregunta importante.

Esa pregunta es,

"¿en qué transforman las bacterias intestinales lo que comemos?"

Esta nueva perspectiva sugiere que incluso si dos personas comen el mismo alimento, las sustancias producidas en el cuerpo pueden variar dependiendo de las diferencias en la microbiota intestinal y su actividad.

Este estudio refuerza aún más esta forma de pensar.

Sustancias producidas en el intestino que afectan a todo el cuerpo


Lo interesante del DNIC es que no actúa solo en el intestino.

El estudio confirmó que el DNIC formado es absorbido y se mueve a varios tejidos del cuerpo.

Se observaron niveles especialmente altos en el hígado y los riñones.

El hígado es un órgano central en el metabolismo de azúcares y lípidos, y los riñones no solo filtran la sangre, sino que también están profundamente involucrados en la regulación de la presión arterial.

Por lo tanto, el descubrimiento de que el DNIC se transporta a estos órganos es muy interesante al considerar la conexión entre las moléculas producidas por las bacterias intestinales y el metabolismo en todo el cuerpo.

En los últimos años, se ha investigado activamente la relación entre el entorno intestinal y órganos distantes, como el "eje intestino-cerebro" y el "eje intestino-hígado".

Este estudio podría haber presentado un candidato químico específico que conecta estas redes interorgánicas.

Cambios en la presión arterial, azúcar en sangre, vasos sanguíneos y hígado graso


Entonces, ¿qué sucede realmente cuando aumenta el DNIC?

El equipo de investigación utilizó modelos animales que replican enfermedades cardiovasculares y metabólicas para experimentar con el aumento de los niveles de DNIC.

Hubo dos métodos principales.

Uno fue proporcionar nitratos y hierro como parte de la dieta para crear condiciones en las que se produzca DNIC en el intestino.

El otro fue administrar DNIC sintético artificialmente.

Con el aumento del DNIC, se observaron mejoras en varios indicadores de salud.

La presión arterial disminuyó, la función vascular mejoró y también se observaron cambios positivos en el control del azúcar en sangre.

Además, se redujo la acumulación de grasa en el hígado.

La hipertensión, las anomalías en el azúcar en sangre, la disfunción vascular y el hígado graso parecen problemas independientes, pero en realidad están profundamente interrelacionados a través de la obesidad y la resistencia a la insulina.

El hecho de que se observaran cambios simultáneos en varios indicadores sugiere que el DNIC podría estar involucrado en todo el sistema metabólico, no solo en un órgano único.

Posible cambio en la explicación de los "efectos saludables de las verduras"


Lo especialmente interesante de este estudio es que ha añadido una nueva explicación al fenómeno conocido desde hace mucho tiempo de que "las personas que comen muchas verduras tienen un menor riesgo de salud".

Hasta ahora, la atención se ha centrado principalmente en los nutrientes contenidos en las verduras.

Sin embargo, en el cuerpo real,

comer verduras

Los nitratos y el hierro no hemo llegan al intestino

Las bacterias intestinales los utilizan

Se forma DNIC

El DNIC es absorbido y se mueve por todo el cuerpo

Afecta a los vasos sanguíneos y las funciones metabólicas

Se ha demostrado que existe un flujo más complejo.

Lo importante es que no se trata solo de "los componentes de las verduras" o "las bacterias intestinales", sino de la combinación de ambos.

El efecto de los alimentos en el cuerpo no se determina en el momento en que entran.

Durante su paso por el tracto digestivo, se encuentran con el vasto ecosistema de la microbiota intestinal y son procesados químicamente.

Sin considerar las sustancias "procesadas", es posible que no se comprenda completamente el efecto saludable de la dieta.

Interés en las redes sociales por la sorpresa de "verduras → intestino → cuerpo entero"


El artículo fue publicado en línea en "Cell" el 19 de agosto de 2026 y luego fue presentado por el Instituto Karolinska y medios científicos.

En las redes sociales, la cuenta oficial de Cell anunció la publicación del artículo, y se han observado comparticiones y reacciones en X. En Bluesky, la cuenta oficial de Cell también presentó el artículo.

En Mastodon, el artículo de ScienceDaily que presenta la investigación se ha compartido con etiquetas como "#nutrition", "#plantbased", "#vegetables", "#gut", "#GutHealth", "#bacteria", mostrando interés desde múltiples comunidades, no solo como investigación cardiovascular.

Sin embargo, al 27 de agosto de 2026, aún es temprano desde la publicación del artículo.

Por lo tanto, aún no se han acumulado grandes debates de usuarios generales o testimonios de "yo también lo he probado".

A juzgar por la forma en que se está difundiendo en las redes sociales, la sorpresa de que "no son los nutrientes de las verduras en sí, sino las sustancias producidas por las bacterias intestinales las que median los efectos saludables" es un punto clave al presentar la investigación.

Esto también se alinea bien con el tema popular de "salud intestinal" en los últimos años.

Sin embargo, es importante tener cuidado al simplificar y difundir este estudio como "comer ciertas verduras reduce la presión arterial y el azúcar en sangre".

No se puede replicar con "remolachas + suplementos de hierro"


Este es el punto más importante a tener en cuenta para entender este estudio.

Aunque se obtuvieron resultados prometedores en modelos animales, aún no se ha demostrado que los humanos puedan obtener los mismos efectos consumiendo ciertos alimentos o suplementos.

El estudio utilizó muestras de origen humano, pero la evidencia principal sobre los efectos en la presión arterial, el azúcar en sangre y el hígado graso proviene de modelos experimentales.

Por lo tanto,

"comer muchas remolachas reduce la presión arterial"

"tomar suplementos de nitrato y hierro juntos aumenta el DNIC"

"aumentar el DNIC previene enfermedades crónicas"

no se puede concluir.

La microbiota intestinal humana varía significativamente entre individuos y está influenciada por la dieta, la edad, el uso de medicamentos y muchos otros factores.

Es muy posible que el entorno intestinal que facilita la producción de DNIC varíe entre personas.

Lo siguiente necesario es medir el "DNIC humano"


El equipo de investigación ha identificado como próximo desafío establecer técnicas para medir con precisión el DNIC presente en el cuerpo humano.

¿Cuánto DNIC se produce en los humanos?

¿Qué tipo de dieta lo aumenta?

¿Qué bacterias intestinales son importantes?

¿Las personas con más DNIC tienen un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas?

¿Es posible aumentar o disminuir el DNIC cambiando la dieta?

Estas preguntas aún no tienen respuestas completas.

Si en el futuro se resuelven estas dudas, podría avanzar desde una simple guía nutricional de "comer X gramos de verduras al día" hacia una nutrición personalizada que considere "qué metabolitos produce la microbiota intestinal de esa persona".

Además, en el futuro, podría desarrollarse la investigación para controlar la producción de DNIC aumentando o ajustando la actividad de bacterias intestinales específicas.

Sin embargo, esto es solo una posibilidad que debe ser verificada en el futuro y no es un tratamiento establecido en la actualidad.

Nuestra dieta no es digerida solo por "humanos"


El mensaje más interesante que surge de este estudio está en algo más grande que los nutrientes individuales.

Los humanos no procesan los alimentos por sí solos.

En el intestino, existe una gran cantidad de microorganismos que descomponen, combinan y transforman los componentes que llegan de los alimentos en nuevas sustancias.

Parte de estos productos actúan en el intestino, y parte ingresa al torrente sanguíneo, llegando a órganos distantes como el hígado y los riñones.

Por lo tanto, la dieta no debe considerarse como una "relación de dos partes entre alimentos y el cuerpo humano", sino como una

"interacción entre alimentos × microbiota intestinal × cuerpo humano".

Puede ser necesario considerar esta interacción tripartita.

Remolachas, espinacas, rúcula, lechuga, legumbres, granos enteros.

Detrás de estos alimentos comunes, considerados saludables desde hace mucho tiempo, ocurren reacciones químicas que no conocíamos.

El descubrimiento del DNIC podría ser solo una pequeña parte visible de ese vasto y complejo mundo intestinal.

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